domingo, 8 de enero de 2012

La guillotina

El mismo día que Carme transmutaba en Carmen, el Bernabéu se convertía en Los Cármenes. A la Chacón le bastó un viva España y al Bernabéu cinco mil granadinos que silenciaron a ochenta mil madridistas. Durante gran parte del partido el Madrid jugó fuera de casa y algunos jugadores madridistas durante el partido entero. Son muchos los que se refugian en eso tan español de que quien paga manda y que, al parecer, le da derecho a uno a insultar al camarero, exigir al policia y mentarle la madre al delantero del equipo de casa. Al Bernabéu pueden venir los delanteros rivales con absoluta tranquilidad. Si no hacen un buen partido se marcharán al vestuario entre la indiferencia silenciosa de las tribunas y sí se marcan un partidazo podrán regresar a casa con el recuerdo de una ovación soñada, como Messi o Ronaldinho. A este Bernabéu que ahora le pita a Ronaldo le hemos oído pitar antes a Redondo, a Hierro o a Zidane.

De Cristiano, dicen, lo que no gusta son algunas actitudes pero, como bien dijo Mercutio tras el partido en tres tuits demoledores, el problema con Ronaldo no es otro que la envidia. “¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!", clamaba don Quijote sin haber pisado nunca el estadio de la Castellana. Cristiano mueve a la envidia a los piperos porque reconocen en él lo que desearían ser y nunca serán. Los héroes de las tribunas del Bernabéu son siempre los chicos de casa, esos que agachan la cabecita y cierran la boca cuando la masa se ejercita como la sección de viento de una orquesta de pueblo. "El público es soberano", dicen los buenos chicos y contra ese soberano quiero yo una guillotina.

Otro al que los piperos señalaban antaño es Benzema. Lo sospechoso del francés era cierta desidia y ese aire despistado y frío de chanteur de suburbio lyoness. Con un palo y una zanahoria Mourinho ha convertido a aquel muchacho desubicado en el mejor delantero del mundo. La variedad de fútbol que Benzema ofrece no está al alcance de ningún otro atacante a no ser que Axel Torres nos descubra alguno en la liga de Tonga. La exuberancia de Karim ha sumido en la melancolía a un Higuaín que vive la permanente lucha del héroe trágico contra el cruel destino que parece escrito. No olviden los detractores del argentino que Higuaín siempre vuelve, sobre todo cuando menos se le espera.

Los Cármenes en el Bernabéu y Carme en Almería. Así se escriben la historia y el invierno.



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