jueves, 31 de enero de 2013

Mito


Con el Pep aprendiendo alemán en Manhattan y Mourinho apartado voluntariamente de los focos, el partido de ida de semifinales de la Copa del Rey habría comenzado sin que se hubiera hablado de otra cosa que no fuera fútbol a no ser por las tormentas desatadas por parte de los mismos que acusaban al entrenador portugués de desviar la atención de lo verdaderamente importante. Primero fue la portada de Marca con la licencia dramática y, pocas horas antes del encuentro, las declaraciones de la novia de Casillas en una televisión mexicana. La muchacha, que en su día atribuyó a Serrat los versos más populares de Antonio Machado, no hizo sino enrolarse en las filas del periodismo metonímico nombrando a una parte, su novio, con el nombre de un todo, los jugadores del Real Madrid. Que el capitán del Real Madrid quiere quitarse de encima a José Mourinho es algo que ya sabíamos del mismo modo que sabemos que Mourinho estaría encantado de perder de vista al de Móstoles. La reacción de Casillas a las palabras de Sara Carbonero fue subir a su cuenta de Instagram la foto de una mano de mus, tres reyes y un as. No sabemos si la intención fue piropear a esa Oriana Fallaci de mercadillo, esa mano se conoce como “La Bonita” o “El Solomillo”, o mostrarnos que con esa mano él lleva las de ganar olvidando que en el Madrid tiene que valer por lógica “La Real” y que con “la bonita” se puede perder un órdago a juego. Seguiremos teniendo que leer esas loas al yerno de España que tanto nos recuerdan a aquellas otras que en su día leímos sobre otro yerno que España tuvo y de cuyo verdadero rostro tenemos ahora retrato por mucho que quiten su perfil de la web de la Casa Real. No será porque no nos avisó Schopenhauer: “El que cree que en el mundo los diablos nunca andan sin cuernos y los locos sin cascabeles, serán siempre víctima o juguete de ellos”.

Nadie echó anoche de menos a Casillas y la supuesta fractura del vestuario quedó en entredicho tras ver a los once jugadores vestidos de blanco dejarse hasta el último aliento en pos de un objetivo común. Fue un partido de fútbol grandioso al que ni siquiera la necedad de Dani Alves, uno de los jugadores más pestosos que uno recuerda, capaz de sacar de quicio incluso a los culés que veían el partido a mi lado, consiguió quitar un ápice de grandeza. Otra vez dos estilos contrapuestos, dos maneras de entender el fútbol y la vida. El control frente al caos. La paciencia frente al vértigo. Durante unos minutos inolvidables de la primera parte el Barcelona se contagió del estilo de su némesis y asistimos a un prodigioso intercambio de golpes que recordaba a un combate de pesos pesados que bajan la guardia y deciden vivir en el filo de la gloria o la nada. Esos minutos de ritmo frenético los cortó por lo sano Xavi Hernández llamando a los suyos a la esquina para recordarles que ese juego no es el suyo. Habíamos observado ya a Varane tapando las carencias físicas de Carvalho y la lógica descoordinación de una defensa circunstancial. Habíamos visto también a Álvaro Arbeloa y Xabi Alonso ejerciendo un liderazgo que echábamos en falta frente a la hybris blaugrana a la que otros oponían el beso, el abrazo y las llamadas telefónicas pidiendo perdón por la existencia del Real Madrid. Habíamos visto a Özil poniendo la pausa necesaria en las tumultuosas acometidas blancas y a Cristiano enfrentándose a espacios reducidos y a rivales que una vez vencidos eran reemplazados por otros. Acabó la primera parte, incomprensiblemente, sin goles y dio paso a un segundo acto en el que se agrandó la figura de Raphael Varane hasta quedar convertido en leyenda para los restos. El  francés es otro de los que ha sufrido el deprecio del lobby de La Roja, del más casposo patrioterismo, del amiguismo más zafio. El joven central ha permanecido callado, impasible el ademán, mostrando siempre una seriedad que nunca pierde. Anoche llegó a todos los balones, incluso a aquellos que no parecían destinados a él, sin perder nunca la compostura ni buscar el aplauso fácil. Un central como él, ausente Pepe, otorga a aquellos que van a la batalla en campo enemigo la seguridad de tener quien cuide la casa. Esa seguridad se amplía si en la portería hay un portero de verdad, no un santón que regatea ya los milagros como un Onésimo de vuelta de todo. Se adelantó el Barcelona con un tanto de Cesc  que encontró la pelota procedente de la lucha por un balón dividido que los comentaristas del Plus convirtieron en mágica asistencia de Messi. El de Rosario anduvo perdido la mayor parte del partido y se empeñó en ir solo a la guerra contra todos en una actitud que de haber sido vista en Cristiano provocaría hoy ríos de tinta en nombre de la humildad, los valores y el ejemplo para los niños del mundo. Pudo marcar más goles el Barcelona y pudo empatar antes el Real Madrid pero el destino le tenía reservado un nuevo giro a la historia mítica de Varane y fue él, porque no podía ser otro, el que empatara el partido a la salida de un corner, elevándose al cielo de Madrid impulsado por la fuerza de una nueva era que comienza, cuando otra aún no ha terminado. Volvemos a Nietzsche: “El genio está condicionado por un aire seco, por un cielo puro, por un metabolismo rápido, por la capacidad de aprovisionar grandes cantidades de fuerza”. Acabó el partido con una parada de Diego López, que quién sabe si no valdrá una final, y pudimos imaginar la mano de Casillas en ese instante, tres pitos y un cuatro. Jugador de chica, perdedor de mus.

El post-partido nos trajo de nuevo a Xavi y su exaltación del victimismo y la superioridad moral sustituyendo así al Pep en esos menesteres propagandísticos para los que no parecen estar dotados los que hoy ocupan ese banquillo. Messi apareció en el parking para llamar algo a Arbeloa suponemos que con Pinto detrás, por si la cosa se ponía fea. Una vez más, el Madrid construido por Mourinho volvió a pasar por encima de la palabrería burda de los críticos y, ausentes los Chamberlains del vestuario, el orgullo tomó las riendas de un caballo al que algunos querían ya sacrificar. Como Mandela en  Robben Island, en la cabeza el poema de William Ernest Henley.

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años me halla,
y me hallará, sin temor.
Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda:
Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.

viernes, 25 de enero de 2013

Ciencia


En un día de primeras planas con agonizante que no era y licencias poéticas aplicadas al periodismo sólo cabía volver a la Primera Plana de Wilder y recordar la definición que Hildy Johnson, magníficamente interpretado por Jack Lemmon, daba de su propio oficio: "Un hatajo de pobres diablos, con los codos raídos y los pantalones llenos de agujeros, que miran por la cerradura y que despiertan a la gente a medianoche para preguntarle qué opina de Fulanito o Menganita. Que roban a las madres fotos de sus hijas violadas en los parques. ¿Y para qué?. Pues para hacer las delicias de un millón de dependientas y amas de casa. Y, al día siguiente, su reportaje sirve para envolver un periquito muerto". Los tiempos han cambiado y aquellas palabras que definían un periodismo de provincias y tabloides se puede aplicar ahora a una prensa que un día consideramos seria. El que agonizaba en una cama no era Chávez sino el señor de un vídeo de Youtube y las comillas aparecían y desaparecían de las informaciones de Marca como si Campillo fuera Houdini o más bien Juan Tamariz, haciendo chistes entre truco y truco. La comparecencia de Florentino Pérez desmintiendo rotundamente la información del diario deportivo no hizo sino acelerar la deriva de gran parte de la profesión hacia el ridículo más absoluto.  Como trasfondo la sagrada protección de las fuentes y el olvido doloso de una de las normas incluidas en el Código Deontológico de la FAPA (Federación de Asociaciones de Periodistas de España): “El periodista deberá fundamentar las informaciones que difunda, lo que incluye el deber que contrastar las fuentes y el de dar la oportunidad a la persona afectada de ofrecer su propia versión de los hechos”. La coartada utilizada por el diario en el día de hoy para demostrar la veracidad de su información sólo puede mover a la risa. Capturas de pantalla de unos supuestos mensajes de texto que bien podrían haberse mandado Segurola y Carpio de una mesa a otra de la redacción convenientemente instruidos por algún becario más puesto en las nuevas tecnologías. Gran parte de la profesión periodística está convencida de que les ampara una especie de inviolabilidad regia y sólo les falta gritar aquello que otro ilustre periodista cinematográfico, el Dutton Peabody de El Hombre que mató a Liberty Valance, gritaba al conocer las normas a seguir por los ciudadanos: “¿No hay excepciones, ni siquiera para la prensa? ¡Eso es llevar la democracia al extremo!”. Todo este espectáculo de fuegos artificiales ha servido para demostrar a los que aún tuvieran dudas que el objetivo final de algunas líneas editoriales no es José Mourinho sino Florentino Pérez y en último caso el Real Madrid. En una época de crisis generalizada en los grandes grupos mediáticos el caramelo blanco endulzaría la boca de siniestros especuladores que aspiran a que el control sobre el Real Madrid sirva para maquillar el fracaso de su política empresarial.

Periodistas que desoyen la deontología y primatólogos que juegan a la Antropología de la Señorita Pepis, de todo hay en la viña del Señor. El pasado domingo nos sorprendía en la sección de Ciencia (nada menos) de la edición digital de El Mundo el artículo de un tal Pablo Herreros que identificaba a José Mourinho con el “macho alfa” de algunas especies de primate. Un macho alfa a lo Mariscal Tito si hemos de creer al médium porteño de El País que nos informaba al día siguiente de la decisión de los intelectuales orgánicos de la plantilla del Real Madrid, Casillas y Ramos, de abrazar los postulados del socialismo autogestionario. Para dar base científica a su tesis, el primatólogo nos remitía a los estudios de campo de Jane Goodall y Robert Sapolsky obviando la frase más importante de cuantas haya pronunciado el segundo: “Es virtualmente imposible comprender cómo funciona la biología fuera del contexto del medio”. A muchos les molestó que el primatólogo encontrara rasgos propios de los primates en José Mourinho pero a uno le parece más atrevido que el primatólogo encuentre rasgos humanos en los primates y que su método científico a la hora de catalogar al entrenador portugués esté basado en artículos de prensa, leyendas urbanas y Punto Pelota. A Goodall y Sapolsky les podríamos acusar de ser víctimas de la falacia del espejo pero al menos ellos convivieron con los primates. No tenemos noticias de que el primatólogo español haya dormido en casa de los Mourinho y nadie lo recuerda presenciando un entrenamiento. Ciencia. Ficción.


En medio de este agit-prop tuvieron que enfrentarse los primates yugoslavos a una trilogía levantina que concluyó con el Madrid en las semifinales de Copa y tres puntos recortados al Barcelona en liga. El partido de ida en el Bernabéu se rigió por la norma que siempre impone Mourinho en estos casos, anteponer la seguridad defensiva a cualquier otra cosa para evitar goles del rival. Estuvo inconmensurable Khedira tapando la boca por enésima vez a los líricos que ven poesía en las películas de Éric Rohmer pero no en las de Sam Peckinpah.  Benzema despertó ligeramente del letargo y su gol y otro de Guardado en propia meta dejaron prácticamente sentenciada la eliminatoria. La derrota del Barcelona en San Sebastián pareció espolear al Madrid que ofreció en el encuentro liguero en Valencia un recital de 45 minutos de hardcore melódico al que sólo le faltó una banda sonora de Bad Religion. Higuain, Di María y Cristiano bailaron al son que marcaba un Özil en trance místico y destrozaron al equipo valenciano con arremetidas brutales entre las que emergían las sutilezas. En el partido de vuelta de Copa lo único reseñable fue una patada de Álvaro Arbeloa en la mano de Casillas, que andaba por el área vendimiando, y que va mantener al de Móstoles “looking for paradise” con su cervecita, sus patatas fritas y su peli sentadito en el sofá durante los proximos tres meses. Para cubrir la baja del portero ha fichado el Madrid a Diego López, español y canterano, al que la prensa trató como a Adán cuando Capello lo puso de titular en un trofeo Santiago Bernabéu dejando en la grada al yerno de España. Déjà vu. El Real Madrid es un eterno retorno y, como escribío Borges: 

"También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable".


miércoles, 16 de enero de 2013

Oktoberfest


Esperanza Aguirre se ha echado un jefe de Barcelona que lo primero que dijo fue que Esperanza era más Guardiola que Mourinho, suponemos que para que no le apedrearan la sede de la empresa. Para desmentir al baranda, sin que se note mucho, ha declarado la expresidenta esta mañana que se va a cargar la cantera del PP de Madrid y que sólo van a poder optar a cargos públicos aquellos con experiencia en el ámbito privado. Sea como trabajadores, sea como empresarios. Quiere la sobrina nieta de Gil de Biedma políticos a lo Arbeloa, que aprendan a ganarse la vida fuera antes de regresar a casa a ocupar un puesto en el equipo. Deja Aguirre sin esperanza a los canteranos de la calle Génova mientras los canteranos de Baviera están de Oktoberfest en enero y Mario Gómez preguntando qué coño es un falso 9.

Se decidió Guardiola al fin por la más razonable de las ofertas que se le presentaban para ser coherente con su discurso y que le siga sentando bien el traje del emperador. Se hacía difícil pensar que acabaría el Pep en Londres o en Manchester teniendo el jeque y el ruso las manos manchadas de petróleo, que para algunas sensibilidades es como tenerlas manchadas de sangre. Además ese fútbol paciente que abandera Guardiola podría no ser del agrado de los aficionados en un país en el que las gradas rugen cuando se consigue un saque de esquina pero no consta que lo hayan hecho nunca cuando se cede el balón al portero. Ni siquiera en ese Arsenal desnaturalizado por Arsene Wenger. El Pep al Bayern dispuesto a ser un nuevo Maximiliano I vestido de Toni Miró. Descartados los petroleros le quedaban dos opciones al de Sampedor, el Celtic de Glasgow para asistir en persona a ese ensayo del referéndum catalán que va a ser el referéndum escocés y el Bayern de Múnich para sentir el pálpito de lo federal por si recula Durán i Lleida y hay que tirar por la vía de Pere Navarro, que quiere federalismo asimétrico haciendo poética y política de un oxímoron que entienden sólo en Canadá. Teniendo Guardiola un paladar muy fino, educado en Can Adría, no se veía desayunando whisky caliente y haggis y ha preferido la cerveza y las weißwursts, que son como butifarras blancas que no hace falta colgar de un palo. Es Cataluña una Baviera mediterránea y latina con un Pujol que no quiso ser Stoiber porque andaba demasiado ocupado engendrando millonarios, aunque CiU es un CSU con barretina que se ha echado al monte de la independencia para que no se le vean las vergüenzas y los depósitos. Nos cuesta imaginar que no haya intentado el Pep sentar a su lado en el banco a Lothar Matthäus y garantizar reportajes que muestren la ignominia del Real Madrid, del pisotón de Juanito al dedo en el ojo de Tito. Ya nos avisó Manuel Jabois de que Guardiola siempre vuelve y de vuelta está. Corren sus viudas a matricularse en el Goethe-Institut, abandonadas como Sissi Emperatriz, mientras el Pep recita el poema Epitafio del bávaro Bertold Brecht.

Escapé de los tigres
alimenté a las chinches
comido vivo fui
por las mediocridades

lunes, 14 de enero de 2013

Resistentes


En Bilbao, a 150 kilómetros de Pamplona, donde jugaría horas después el Real Madrid su partido contra Osasuna, se celebró  una manifestación multitudinaria a favor de los presos de ETA a la que, al parecer, asistió la mamá de ese Carlos Bardém que había definido esa misma mañana como “fachamonguers” a un conjunto de usuarios de Twitter que incluía a mourinhistas y liberales.  Días antes aparecía en la revista digital Jotdown una entrevista con Borja Sémper, presidente del PP de Guipúzkoa, en la que mostraba que el carácter del pipero acostumbra a ir más allá de lo estrictamente futbolístico. Dice Sémper sobre Mourinho: “Quería controlar el Madrid no solo deportivamente y su personalidad es antagónica a la del Madrid”. Sobre Cristiano Ronaldo: “Hay actitudes que no me gustan. Cristiano es un líder, pero no me gusta que no celebre el gol de un compañero. Un tío que se cae y se queja por sistema. Yo no quiero eso para el Madrid. A mí me preocupa que los niños quieran ser Messi y no Ronaldo”. Sobre el Real Madrid: “Mi Real Madrid es el de Casillas, el de Raúl y, si me apuras, hasta el de Butragueño”. Todo esto aderezado con unas gotas de añoranza por las formas y el verbo de Jorge Valdano. Sémper afirma que entró en el PP deslumbrado por la figura de Gregorio Ordóñez. “Hablaba y la gente le entendía, lejos del discurso manido de los políticos. Esa valentía y esa honestidad me deslumbraron. Dos años después de afiliarme lo asesinaron. El más tonto del pueblo, Valentín Lasarte, asesinó al más brillante, Gregorio Ordóñez. Una metáfora de la vida y, desde luego, de la política en Euskadi”. A Sémper ese discurso contundente de Ordoñez frente a ETA ya no le sirve hoy pues “el futuro en Euskadi se tiene que construir también con Bildu”. Del  mismo modo, el fichaje de Mourinho, vino bien en “un momento de depresión generalizado. Llega Mourinho, aquí estoy yo, a pecho descubierto” pero en este momento resulta contraproducente para la imagen del Real Madrid. Es evidente que no se trata de comparar las circunstancias, a Ordóñez lo asesinaron con balas reales y contra Mourinho se usan sólo las dialécticas aunque en ambos casos procedan de los más tontos del pueblo, pero resulta significativa esa coincidencia en la conciencia del pipero de San Sebastián. Es lo que Jon Juaristi llama “mentalidad resistencial” que consiste en la necesidad de contar con la aprobación de los nacionalistas, en el caso de los piperos del PP vasco, o de los antimadridistas en el caso de los piperos del Real Madrid. Y ambas en el caso de Borja Sémper.

Y me pregunté:
¿Eres un resistente?
Y me respondí, como Troski cuando todavía iba a la sinagoga:
¡No lo quiera Adonai!!

Sabemos por Plutarco que un ejército de ciervos dirigido por un león es mucho más temible que un ejército de leones mandado por un ciervo pero el Real Madrid llegó a Pamplona con un ejército de ciervos sin león al mando. Ausente Cristiano, quedó el Madrid reducido a grupo de descontrolados sin un objetivo claro. Cristiano es un “zan-ryū Nippon hei”, uno de esos soldados japoneses que no se rindieron jamás al enemigo por miedo al deshonor mientras el resto vaga por el césped como presos en el patio de un penal.  La primera parte no resultó tan lamentable como la segunda aunque estuviera alejada del canon de juego que los Harold Bloom de lo futbolístico se han encargado de convertir en único. Esto que pasa hoy día en el fútbol sucedió en los 80 en un deporte tan poco dado a las milongas como el rugby. El “rugby champagne” de aquella selección francesa de Serge Blanco y  Philippe Sella fue durante años el tiquitaca futbolero de hoy, aunque afortunadamente sin componentes morales. Para suplir la adrenalina que Cristiano produce en el juego tuvo que recurrir Mourinho a tres jugadores, Higuaín, Di María y Callejón, buscando eso que los modernos llaman “desmarques de ruptura”. El de Brest todavía no ha llegado, el rosarino se fue y no volvió y Callejón es Callejón. Se sostuvo el equipo en el trabajo incansable e impecable de Khedira al que seguirán ninguneando para pedir a ese Javi García que es español y canterano. El único mensaje positivo que podemos encontrar en ese truño es que en partidos como ése al Madrid le daban un baño no hace mucho tiempo atrás.

Lo que queda por dilucidar ahora es si este Madrid será capaz de mostrar otra cara en los partidos trascendentales de Copa y Champions que se avecinan. Resulta fundamental que Mourinho sea capaz de salir de ese estado de estupefacción en el que parecen haberle sumido el juego de su equipo y la campaña miserable emprendida contra su persona. Para  esta guerra se hace necesario que además del león sobre el césped haya en león en el banco. Volvamos a Nietzsche: “La oposición contra el que se sale de la norma es lo peor que se puede hacer pues será éste el que guíe el desarrollo de la humanidad, el que tire del pelotón de la evolución, simplemente por el hecho de que no está cómodo en la situación normal es un indicativo de que es un ser superior, que busca un mejor lugar”. Donde el de Röcken dice “humanidad” pongan ustedes “Real Madrid”. Ecce homo.

jueves, 10 de enero de 2013

Alivio-luto


Decía Steven Pinker  en “La tabla Rasa” que “a lo largo de la historia, las batallas de opinión han sido libradas por hipérboles moralizantes y demonizantes, y aún peor”. Jean Françoise Revel dejó escrita aquella máxima que sigue vigente más de veinte años después. “La principal de las fuerzas que hoy dominan el mundo es la mentira”. El esperpento de la prensa española en general y de la deportiva en particular lleva tiempo bordeando la frontera que separa la indigencia moral de las actitudes directamente delictivas, cuando no sobrepasándola con la chulería propia de aquellos que se consideran por encima de la ley amparados en el sacrosanto derecho a la información y en una libertad de expresión que sólo parece corresponderle a ellos. Llamar “nazi” a un entrenador de fútbol es, por un lado, una banalización del Holocausto, un reduccionismo absurdo de una ideología maléfica y quién sabe si no oculta también un antisemitismo latente. Por otro lado, la injuria se define en el artículo 208 del Código Penal como la acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación. Comparar el encuentro del cuerpo técnico del Real Madrid y “Bartolín” Meana con las checas instaladas en el Madrid republicano responde exactamente a los mismos parámetros que el caso anteriormente descrito. Si el tal Meana salió de aquella “checa” de la Sala de Prensa del Bernabéu estrechando las manos de sus “captores” alguien podría suponer que lo mismo ocurría en la checa de Bellas Artes, que los secuestrados abandonaban su cautiverio abrazando a los milicianos. Y no.

El lunes celebraba la UEFA uno de esos saraos para entregar un premio, a mayor gloria de los valores del marketing y la moral socialdemócratas, consistente en un balón dorado que, supuestamente, premia la mejor trayectoria deportiva de un jugador durante un año natural. El premio fue a parar, cómo no, a Leonel Messi, cuyos triunfos deportivos durante 2012 podemos contar con un muñón y nos sobra. Apareció el Leo en la gala vestido de jefe de pista del Cirque du Soleil con un traje que Josemi Rodríguez Sieiro ha denominado acertadamente “smoking de alivio-luto”. Un balón plateado fue para Cristiano Ronaldo y uno de bronce  acabará en la casa de ese enamorado de la arquitectura de los gitanos de Rumania que es Andrés Iniesta. José Mourinho, que estaba entre los tres finalistas a mejor entrenador, prefirió quedarse en Madrid y lo único que cabe reprocharle es que no forzara al resto de la expedición madridista a hacer lo mismo teniendo en cuenta que dos días después se disputaba uno de los partidos más importantes de la temporada. Pero la perfidia del entrenador portugués no conoce límites y, gracias a la encomiable labor de unos avezados reporteros del diario As que debieron sentirse Pérez Reverte en Kosovo o Sistiaga en Faluya, nos enteramos de lo que el sociópata de Sétubal estaba haciendo a la misma hora a la que se celebraba el guateque triste y hortera de Platini. No estaba Mourinho reunido con la cúpula de ETA tratando de convencerles de que volvieran al terrorismo. No estaba rodeado de skinheads organizando la presentación de la sección española de Amanecer Dorado. No se encontraba planeando una serie de atracos con violencia al frente de una banda de albano-kosovares. Ni siquiera lo encontraron en un puticlub de Arganzuela. El malvado Mourinho estaba viendo jugar al fútbol a su hijo después de trabajar diez horas en Valdebebas. Qué descaro. Para dar fe del lamentable comportamiento publicó el As fotografías y un vídeo en el que se podía ver a los niños, sin el preceptivo permiso de los padres. Una vez más sobrepasando la línea. En el audio de la grabación se podía escuchar el comentario insultante de uno de los “reporteros”  que Roncero, ese catedrático de Estética de la Universidad  del Txistu, no tardó en adjudicar castizamente a “uno que pasaba por allí”. Le faltó inventar el posterior deceso del anónimo para poder echarle la culpa al muerto. Todo el mundo se ha fijado en lo anecdótico del comentario, ese coloquial “hijo de puta”, y ha dejado de lado lo importante, ese “se está forrando” que nos muestra de nuevo el desprecio de esta sociedad a aquellos que honradamente y en virtud de las leyes del mercado multiplican su patrimonio y hacienda. Lo que vale para Mourinho en este caso lo podemos aplicar a, por ejemplo, Amancio Ortega.

El partido de vuelta de octavos de la Copa del Rey contra el Celta lo finiquitó Cristiano con finiquito telemático para evitar trabajo al funcionariado del balón. Su gol en el minuto 2 de partido sirvió para calmar las posibles ansiedades de un equipo que no remontaba una eliminatoria copera desde hace diez años y nos había proporcionado espectáculos bochornosos como aquel enfrentamiento con el Alcorcón. Fue una primera parte en la que se bailaron lentos al ritmo de los kolos croatas que componía Modric para que fuera Cristiano otra vez el que rematara la jugada en arranques anfetamínicos en contraposición con el estado opiáceo de un Benzema que parece decidido a regalarle la titularidad a Higuaín. Tras el descanso se instaló el Madrid en el descontrol merced a la ausencia de Xabi Alonso que se tuvo que quedar en el vestuario a causa de un golpe recibido en las postrimerías del primer acto. La ausencia de Xabi puede pasar más o menos desapercibida en partidos frenéticos de ida y vuelta pero resulta trascendental cuando se trata de controlar el juego y administrar los tiempos. El  Madrid le entregó el balón al Celta por la sencilla razón de que no sabía qué hacer con él y durante unos minutos apareció en mi mente el recuerdo del partido contra el Bayern de la temporada pasada. Los miedos se acrecentaron cuando Ramos se olvidó de que tiene piernas y fue expulsado tras una segunda amarilla que castigaba, más que su acción, su estupidez. Fue entonces cuando el mejor jugador del mundo, diga lo que digan los corresponsales de France Football, se hizo con el control del partido como si tuviera en sus manos el mando de la Play. Su tercer gol resultó el compendio de todo su talento, entendido a la manera de los scouters de las grandes ligas americanas, y su reacción ante la incomprensible y miserablemente tardía rendición del Bernabéu a su figura me recordó a otro genio al que también trataron de domar en nombre del puto señorío y la hipocresía buenista, Drazen Petrovic. Aún tuvo tiempo ese jugador providencial de dar una asistencia a Khedira que, como hizo en el anterior partido, resolvió aparcando el Panzer alemán y sacando a relucir la sangre tunecina. A pesar del regreso de Casillas a la titularidad, el piperío la tomó con Mourinho al que llegaron a pitar por salir a dar instrucciones a sus jugadores. Nosotros seguiremos siendo los de los versos del beatnik Gregory Corso y no es poco.

“Recordad,
temblorosas aristocracias condenadas
obligadas a matar moscas a golpe de risa”.




lunes, 7 de enero de 2013

Endogamia


No fue la de ayer una de las ruedas de prensa de Mourinho más exuberantes pero sí de las más importantes por algunas de las cosas que dijo. El de Setúbal puso sobre la mesa en una de sus respuestas dos cuestiones fundamentales que, no podía ser de otro modo en este país en el que vivimos, pasaron desapercibidas. Meritocracia y productividad. Conceptos ausentes por desgracia en el acervo español desde tiempo inmemorial. Preguntaron a Mourinho por los pitos recibidos por parte de la grada del Bernabéu y su posible relación con la suplencia de Iker Casillas. Contestó el entrenador que si el motivo era la suplencia del portero respetaba pero no entendía esa reacción pero, si por el contrario, la pitada era debida a los dieciséis puntos de desventaja con el Barcelona no sólo respetaba sino que aplaudía esa muestra de indignación. Mourinho no comprende que para la grada existan jugadores intocables, que deban jugar por decreto en virtud de los servicios prestados en tiempos pretéritos. Jugadores que se sitúen por encima del grupo en virtud de unos méritos que fluctúan entre lo histórico y lo paranormal. De la final de Glasgow a una especie de relación foral que en algún momento se firmó con Casillas en el imaginario colectivo del madridismo de tribuna y cognac. Ese desprecio por la meritocracia, no nos engañemos, no es exclusivo de la grada del Bernabéu. A todos nos sale el españolazo que llevamos dentro cuando, por ejemplo, criticamos a Mourinho por preferir a Higuaín antes que a Benzema sin estar al cabo de la realidad cotidiana del equipo, de sus entrenamientos, de los estados individuales de ánimo, de la influencia de determinados jugadores en eso que llamamos “el otro fútbol” y en el desarrollo táctico de los partidos. Si los piperos se acogen a los derechos históricos para pedir la titularidad de Casillas nosotros nos agarramos al asidero de la calidad y el talento como otros hacían no hace mucho con Gutiérrez. “Esto sólo pasa en España”, dice el entrenador del Real Madrid, poniéndonos frente al espejo para  que veamos nuestras miserias. Ante esa imagen reflejada en el cristal lo más sencillo es romper el espejo en mil pedazos y correr después a por el cepillo y el recogedor no vaya a ser que nos cortemos un pie.

Nadie niega la capacidad de trabajo de Mourinho, su implicación en todo lo referente al club que le paga, sus desvelos por conducir a su grupo hacia un objetivo que debiera ser común. El entrenador es el primero que entiende que eso no basta si no se traduce en resultados. De ahí que se muestre a favor de que la grada se posicione en su contra cuando no alcanza el nivel óptimo de productividad. Es evidente que al Bernabéu la productividad, en este caso y en cualquier otro, se la trae floja. Lo que realmente le importa es que se respeten los derechos forales de un jugador en tanto representante de una forma de entender el madridismo endogámica, arcaica y ridícula. Para una gran mayoría de los socios del Real Madrid Casillas es su representación en el campo. Los derechos que otorgan a Casillas son los mismos derechos que  se otorgan a ellos mismos. En un club meritocratico y abierto quizás serían sus propios privilegios los que correrían peligro. Mourinho representa lo que Santiago Navajas llama en un magnífico ensayo sobre Mourinho (De Nietzsche a Mourinho) “entrenador extraterritorial” tomando el concepto de George Steiner, que en el plano de la literatura lo había aplicado a Nabokov, Borges o Beckett. Escribe Navajas: “Dado que ser extraterritorial es ‘una estrategia de exilio permanente’, incluso entrenando a la selección de su país sería Mourinho una ‘rara avis’, porque lo que haría es subvertir las convenciones atribuidas como propias, para crear unas nuevas a partir de ellas”. Esta extraterritorialidad de Mourinho choca frontalmente con un club asentado sobre los cimientos de una historia maquillada con mitos ancestrales y leyendas ad hoc, que observa con terror la posibilidad de una sociedad abierta en la que los derechos históricos queden abolidos. Escribió Karl Popper: “La sociedad abierta es aquella en la que los hombres han aprendido a ser en cierta medida críticos de los tabúes  y a basar las decisiones sobre la autoridad de su propia inteligencia”.

La temporada 2006/07 fue la de la segunda venida de Fabio Capello al Real Madrid. En el mes de enero de 2007 David Beckham anunció que abandonaría el club blanco en junio para fichar por Los Angeles Galaxy y la reacción del técnico italiano fue afirmar que Beckham no volvería a jugar con el Real Madrid. El inglés, que era un icono mediático en todo el mundo y que atesoraba no pocas dosis de calidad, dio un ejemplo inolvidable de compromiso con el club al que, por cierto, aseguraba una ingente cantidad de ingresos en concepto de derechos de imagen. Ni una salida de pata de banco, ni una declaración altisonante, ni un mal gesto ni para con el entrenador ni para con sus compañeros. David Beckham hizo lo único que podía hacer un profesional en aquel momento, trabajar. Evidentemente el jugador carecía de un lobby de presión que defendiera sus intereses deportivos en la prensa española aunque sólo fuera para atacar a Capello, que era blanco constante de las críticas de los plumillas a pesar de contar en los medios con algunas amistades un tanto extravagantes. Para muchos Becks no era un futbolista sino más bien un modelo fotográfico y un personaje de revista del corazón o de programa televisivo de mesa camilla. Lo cierto es que Capello terminó por rendirse al esfuerzo callado del londinense y Beckham acabó por resultar fundamental en la consecución de aquel épico título de liga. La crítica que siempre se hizo a David Beckham fue su excesiva presencia ante los focos de una prensa que nada tenía que ver con el deporte. La portada de la revista Lecturas de la semana pasada mostraba en exclusiva a Iker Casillas y Sara Carbonero paseando su amor por Londres, la ciudad que vio nacer a Beckham, el tipo callado y profesional; el trabajador sin más defensor que su propio esfuerzo. Al final va a resultar que Casillas, mediáticamente, no es sino un Beckham pobrista para tiempos de crisis. Con palmeros, eso sí.

El partido de ayer se antojaba fundamental en el devenir de la temporada y Mourinho decidió dejar de nuevo a Iker en el banquillo asegurándole la titularidad en el partido de Copa frente al Celta. Este hecho no hacía sino confirmar la teoría de Francisco Beltrán que había visto en la decisión de Mourinho una elaborada estrategia de índole anímico. “El sentido de esa suplencia es estirarla máximo en Liga y q cuando llegue UCL y partidos importantes de Copa Iker sienta que ganó el puesto”. “Presión y ojos puestos en Casillas, obligado a exigirse, Adán sintiéndose casi 1º portero y los partidos claves, para Iker Casillas”. La clarividencia de Beltrán resulta sorprendente. Para el primer partido del año tuvo que improvisar Mourinho una defensa que, a pesar del gol tempranero de Benzema, se mostró durante los primeros minutos desacompasada e histérica. Lógico si tenemos en cuenta que un lateral derecho jugaba de lateral izquierdo, un medio centro se desempeñaba como lateral derecho y en el centro de la defensa se alineaban un imberbe y un jugador que nos habían retratado como retirado. Tras ellos, un portero al que todos hemos tratado miserablemente. Sacar adelante un partido con esos mimbres no dejaba de resultar complicado y más cuando los nervios y la inexperiencia condujeron irremisiblemente a la expulsión rigurosísima de Adán tras cometer un penalti. En esa acción vieron algunos la intervención del karma que castigaba a Mourinho y adivinaron otros la baraka que acompaña siempre al chico del anuncio de H&S. La primera parte resultó un monólogo sin gracia de la Real que más que a tamborrada sonó a música para ascensor. A pesar de ello, una sutileza de Khedira en el área adelantó de nuevo al Madrid y fue emergiendo poco a poco la figura de Ricardo Carvalho. El central portugués es uno de los centrales más inteligentes y con más conocimiento del juego de cuantos uno ha visto y no sería descartable que su experiencia y liderazgo fueran importantes en lo que resta de temporada. Un nuevo gol de Prieto antes del descanso reavivó la sensación de equipo angustiado y débil de un Real Madrid muy alejado de la pétrea seguridad mostrada la temporada pasada. Sin embargo, sería Cristiano Ronaldo, honrando el brazalete de capitán que lucía desde el principio del partido, el que se echó el equipo a las espaldas arrastrando tras de sí al resto, no con carreras hacia la nada ni “¡vamos!” teatreros sino mostrando su insaciable hambre de victoria y gloria. Fueron dos goles pero sobre todo la sensación de que era él el que dominaba y controlaba el partido a su antojo. Su derroche no encontró eco en una grada que parece preferir a ese portero al que cualquier día encontraremos lavándose el pelo como en el anuncio al resguardo del travesaño. Brilló Özil y dejó Modric en sus escasos minutos sobre el campo perlas de esas que iluminan un invierno. Falta nos hacen.