miércoles, 6 de marzo de 2013

Héroe


El 20 de agosto de 2007 Sir Alex Ferguson, al frente de una numerosa delegación del Manchester United acudia a un funeral en la iglesia católica de Hidden Gem. Allí se pudo encontrar con Peter Hook, Shaun Ryder, Andy Rourke o Clint Boon. Todos ellos acudían para dar un último adiós a uno de los hombres más populares e influyentes de Manchester. Fundador de Factory Records y propietario del club The Hacienda, Tony Wilson había sido un pilar fundamental de la cultura popular británica desde los albores del punk hasta el momento de su muerte. Esa peripecia vital fue magníficamente retratada por Michael Winterbottom en la película 24 Hours Party People, un extravagante bio-pic relatado en primera persona que comienza con el primer concierto que los Sex Pistols dieron en Manchester y que habría de cambiar para siempre la concepción que de la música tenían Tony Wilson, por entonces reportero de Granada Television, y unos pocos jóvenes mancunianos más entre los que se encontraban Howard Devoto, Peter Hook, Vini Reilly, Bernard Sumner o Mick Hucknall. Una de las secuencias de la película nos muestra a Wilson dirigiéndose directamente al espectador mientras avanza por la pista de The Hacienda, sorteando a centenares de clubbers que participan felices en la sagrada ceremonia del ritmo que oficia desde la cabina del dj Laurent Garnier. “Manchester, cuna del ferrocarril, el ordenador, la bomba que bota. Y esta noche está sucediendo algo igualmente histórico… ¿Lo veis?...Están aplaudiendo al dj. No a la música, no al músico, no al creador, sino al médium. Aquí está el nacimiento de la cultura rave, la beatificación del ritmo, la era de la música dance. Es el momento en el que hasta el hombre blanco baila”. Hace tres años esa revolución se produjo de la misma manera en otro club, el Real Madrid. Por primera vez, no sólo había buenas canciones en las estanterías sino quien las colocara en un orden lógico para crear un todo. Por primera vez en el club blanco se empezó a aplaudir al médium y vivimos desde entonces el momento en el que hasta los hombres blancos bailan.

Un partido del Real Madrid en Old Trafford activa reflejos condicionados y recuerdos que forman parte del imaginario madridista. El enfrentamiento del año 2000, que abría el camino hacia la consecución de la Octava, tuvo como principal protagonista a Fernando Carlos Redondo, que dominó aquel partido con una autoridad que no hemos vuelto a ver en jugador alguno. No olvidamos el partido de Steve McManaman, un jugador de culto, algunas de cuyas jugadas guardamos en el cajón de los recuerdos como si fueran singles de The Durutti Column, y de un Raúl en el que todavía observábamos cierto fulgor adolescente y el descaro del fútbol de descampado. Queda para los siglos la jugada de Redondo en el segundo gol madridista que fue magia y milagro. Magia en el taconazo inverosímil, cuyo truco aún tratamos de desentrañar, y milagro en ese pie que llega para salvar el balón justo antes de que éste se precipite por el abismo de la línea de fondo. Tony Wilson recordaba años despues ese partido en las páginas de The Guardian: “One of the times I've felt most desperate was when Real Madrid knocked us out at Old Trafford in 2000, when Redondo was fantastic in midfield for Real and ran the game. It was a serious disappointment.”

De nada iban a servir ayer los recuerdos. Alex Ferguson llegó a Old Trafford con la lección bien aprendida y se permitió dejar en el banquillo a Rooney y su aspecto de miembro del sindicato de estibadores de Liverpool. Planificó un sistema de ayudas que dejaban siempre a Cristiano Ronaldo solo frente a todos y rescató la esencia del fútbol inglés de balones en largo en busca de Van Persie y Welbeck. Con el segundo tendrán pesadillas Sergio Ramos y en menor medida Varane. La primera parte fue un quiero y no puedo del Madrid cuyos ataque acababan muriendo siempre en el borde del área y un susto tras otro de los blancos que sufrieron como nunca en los balones aéreos que siempre ganaba Vidic. Visto lo visto, el empate inicial no era mal resultado al descanso contando con la lesión de Di María que tuvo que ser sustituido por Kaká poco antes de cumplirse el primer acto. El plan de Ferguson encontró su premio cuando Sergio Ramos desvió un balón que llegaba mansamente a los pies de Fabio Coentrao y lo introdujo en su propia portería. Si para resarcirse de su fallo en la tanda de penaltis frente al Bayern acabó lanzando un penalti a lo Panenka en la Eurocopa, no queremos ni imaginar con qué nos sorprenderá el de Camas ahora. Tras el gol hubo tímida reacción madridista pero fue un golpe de suerte, nunca mejor dicho, lo que cambió el signo del partido. Nani impactó con los tacos en el costado de Álvaro Arbeloa y el árbitro decidió mandarlo a la caseta. No fue la expulsión lo que hizo variar la tendencia de la eliminatoria sino el cambio introducido por José Mourinho. Apareció sobre el césped de Old Trafford la infantil figura de Luka Modric y, ante la sorpresa de todos, se hizo con los mandos del encuentro. Fueron apenas veinte minutos de descaro plavi pero valieron una eliminatoria. Se encargó el croata de mover al equipo hacia un lado y hacia otro, de batir líneas con eslaloms asesinos, de ofrecerse apareciendo siempre junto al compañero presionado, de inventar pases al corazón del área y, como esto no fue suficiente, acabó pidiendo un aclarado para jugarse un balón que terminó en el fondo de la red. Era Luka Modric pero yo estaba viendo a Alexandr Petrovic. Ese gol encendió al Madrid y deprimió al United y vivimos los mejores minutos del partido que culminaron con una combinación genial entre Ozil e Higuaín que el argentino aprovechó para centrar al segundo palo donde apareció Cristiano para cerrar la eliminatoria. Esa asistencia del argentino fue un premio escaso para el derroche físico y táctico que desplegó durante todo el partido y que explica sobradamente la decisión de Mourinho de preferirle al huido Benzema, que celebró el segundo gol mientras recibía las instrucciones para saltar al campo y acabó recibiendo la instrucción de volver al banquillo. Los veinte últimos minutos sirvieron para agrandar la figura de Diego López y para recordarnos el partido del año pasado frente al Bayern en el Bernabéu. Con la eliminatoria prácticamente sentenciada se descompuso por completo el Madrid y se vivieron minutos de absoluto dominio de los de Ferguson. Resulta especialmente llamativa en un equipo dirigido por Mourinho esa dificultad para controlar esa clase de partidos cuando ya parecen resueltos. Tan sólo Modric pareció entender qué había que hacer y el partido acabo muriendo en sus pies de niño de la guerra, exiliado desde ayer del olvido e instalado ya en el  olimpo de los héroes madridistas. Un héroe como el retratado en el poema de José Hierro.

Despojad un instante a esta palabra
-héroe- de tantas adherencias literarias. Borrad
las iconografías consabidas:
Grecia y piedra rosada, cara al mar,
héroes ecuestres del Renacimiento…
Era otra cosa el hombre que yo vi.

sábado, 2 de marzo de 2013

Eternidad


Cuando José Mourinho aterrizó en Madrid, el Barcelona de Guardiola amenazaba con instaurar una hegemonía futbolística e ideológica que podía mantenerse durante más años de los que nuestra paciencia podría soportar. No era sólo la impecable trayectoria deportiva del Barça sino la deriva madridista hacia el conformismo en la derrota. Como escribió Samuel Johnson: “Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas.” Ese fue el principal escollo que tuvo que superar el entrenador portugués y más cuando en su primer enfrentamiento directo con el Barcelona cosechó la más humillante de las derrotas. Romper la cadena del hábito de la derrota fue una misión que sabemos que no hubiera podido ser realizada por ningún otro. Aquella dolorosa goleada bien pudo haber convertido al Madrid en el Foreman que salió de Kinshasha, sumido en una depresión que duró años, pero la personalidad del de Setúbal sobrevivió a aquello como ha sobrevivido a muchas otras cosas que ha tenido que sufrir desde que llegó a España. Las últimas victorias frente al Barcelona parecen haber servido para apartar el foco de la crítica del rostro del entrenador y prefiere el agit-prop del marquismo-leninismo centrar el ataque sobre esos nuevos enemigos del pueblo que pegan pataditas a los niños buenos. Ayer ganó el Madrid, además, recurriendo al plan primigenio con Pepe de medio-centro.

A Hugues este Barcelona del ocaso le mueve a la ternura y otro tanto me ocurriría a mí de no contar en sus filas con Xavi Hernández. Xavi es la barrera infranqueable que no pueden atravesar mis intentos de empatía con el Barça derrotado y triste, desnortado y agónico. Xavi va camino de convertirse en la Norma Desmond de este crepúsculo de los dioses blaugrana y sabemos que acabará replicando al “era usted grande” con un “soy grande, es el fúpbol el que se ha hecho pequeño”. Ayer tarde no estaba Xavi y yo estuve a punto de no estar tampoco. La inquina de Roures hacia lo español le llevó a poner el partido a la hora de la siesta y uno está tan acostumbrado ya a la nocturnidad futbolera que le pareció que ver el partido tomando un cortado era lo mismo que pedir un poleo en un burdel. Lo mismo debió pensar Benzema, que apareció a poco de comenzar el partido para empujar a la red un buen centro de Morata y no volvimos a saber de él. Como ya hemos dicho, Mourinho hizo un guiño al pasado y sacó a Pepe a limpiar el centro del campo haciendo que los centrocampistas del Barça levantaran los pies como los clientes del bar que cierra cuando pasa el camarero con el cepillo y el mocho. El Barcelona de la primera parte fue el Limoges de Bozidar Maljkovic dando una lección de tostonball y en medio del aburrimiento Messi hizo el mismo truco que Benzema apareciendo para marcar un gol y desapareciendo después. El Madrid había salido con un equipo lleno de suplentes y no fue porque Mourinho tirara el partido pensando en el martes sino porque pensó que con ellos bastaba para contener a este Barcelona meláncolico que mira al banquillo buscando a Guardiola y se encuentra a un payés en chándal que parece haber salido de casa a ver cómo marcha la cosecha de arbequinas. El pobre Roura tiene en el rostro una permanente expresión de llevar un traje que le viene demasiado grande porque no le dejaron ir al sastre a probárselo antes. Controlado el partido anímicamente salió Cristiano, que ya en la primera jugada despertó a todo su equipo que se había quedado hipnotizado por el péndulo del tiqui-taca, y Sami Khedira que sólo tuvo que darle las buenas tardes a Iniesta para que se terminara la fiesta. Ramos marcó el gol de la victoria al cabecear un córner magistralmente botado por Modric y casi le perdonamos todo lo demás. Terminó el partido con una caída de Adriano dentro del área del Madrid que Valdés desde el otro lado del campo vio como clarísimo penalti y tras el pitido final se cagó en los valores corriendo a por el árbitro, mostrando un comportamiento tan chusco y alejado de las enseñanzas de La Masía que no descartamos que esta semana se recupere la entrevista en la que siendo niño mostraba su rendida admiración por Paco Buyo. Dos victorias seguidas frente al Barcelona han servido para cicatrizar profundas heridas pero el madridismo siempre quiere más y nos sirven para explicar nuestros anhelos los versos de Houllebecq.

“Queremos algo como una fidelidad,
Como una imbricación de dulces dependencias,
Algo que sobrepase la vida y la contenga;
No podemos vivir ya sin la eternidad.”

Y la eternidad, para el Real Madrid, solamente es la Copa de Europa.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Danza


Nos contaban ayer, con acento porteño y conjeturas borgianas, que la plantilla del Real Madrid se dividía en dos. Los sicarios sin alma, dispuestos a seguir al pie de la letra las macabras instrucciones del Padrino, y los objetores de conciencia, cuáqueros en calzoncillos que desoyen las llamadas a la violencia de su perverso entrenador. Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa han pasado de ser héroes de eso que llaman La Roja a ser presentados como una especie de alter-egos de Vincent Vega y Jules Winnfield en un pulp fiction ad hoc con los exteriores rodados en los estadios de media España hasta el punto de que uno ya se imagina al de Tolosa recitándole a Messi los versículos del Libro de Ezequiel, antes de estamparle contra las vallas publicitarias, bajo la mirada aburrida del de Salamanca. “Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos”. Lo único cierto es que la falta de liderazgo en el campo que observábamos en los partidos importantes de la temporada pasada parece haber sido sustituida por el incontestable liderazgo futbolístico de Cristiano y por el cada vez más visible liderazgo moral de los dos jugadores a los que ahora señalan los voceros del tardo-segurolismo emitiendo gironazos a diario. "Ser comprendidos no es necesario. El coraje, la audacia, la rebelión, serán elementos esenciales de nuestra poesía”, escribió Marinetti y lo mismo parecían decirles a sus compañeros en el calentamiento los dos soldatos de Mourinho.

La melancolía ha tardado en llegar pero parece haberse instalado ya en Can Barça por mucho que intenten evitar pronunciar el nombre de Guardiola como si fuera el de Jehova. El Real Madrid cerró el círculo que se abrió con el 5-0 que no queremos ni recordar con un partido que dominó siempre dándole el balón al Barcelona como quien se lo da en la playa al niño para que no moleste. Adelantó la defensa para achicar espacios y maximizar la presión reduciendo el juego del Barça a un rondo inane e insustancial. Varane volvió a ofrecer un clínic aseando las inmediaciones del área con una suficiencia y elegancia que no habíamos visto jamás y dejando en segundo plano la descabellada exuberancia física de Ramos. A Rafael Varane le pones a barrer con una escoba el escenario del Teatro Real y le acaban concediendo el Premio Nacional de Danza. Los laterales no permitían ninguna broma y Khedira se aplicaba en la contención dejando para otro día lo del box-to-box. Alonso asumió los galones e Higuaín, consciente de su baja forma, se dedicó a un trabajo sucio y poco lucido que acabaría por agradecer el colectivo. Di María ponía algo de locura canchera, Ozil perfumaba el campo con esencias de Anatolia y Cristiano desquiciaba a toda la defensa blaugrana, incluido Puyol, que por una vez abandonó el seny y disfrazó su impotencia con el traje de supuestos errores arbitrales. Una cabalgada de Cristiano sólo pudo ser frenada por una zancadilla de Piqué dentro del área y el de Madeira se encargó de anotar el primer gol con la suficiencia del que conoce su propio destino. “El mundo es de quien nace para conquistarlo y no de quien sueña que puede conquistarlo”, dijo otro portugués, Pessoa. El gol que adelantaba al Madrid sirvió también para desquiciar al Barcelona que, como suele hacer en estas ocasiones, abandonó el fútbol para echarse en brazos de la simulación. A Jordi Alba le jugaron una mala pasada las neuronas espejo y tras recibir un golpe en el pecho dudó entre imitar a Alves agarrándose la pierna o a Busquets llevándose las manos a la cara. Optó por lo segundo, suponemos que por empatía nacionalista. Nada cambió tras el descanso y si cambió algo fue para incrementar el dominio del juego del Madrid y la soporífera performance del Barcelona. Di María le hizo un roto a Puyol y el rechace de Pinto lo recogió Cristiano que hizo pausa de taurino y alojó el balón en la portería y el discurso culé en el cubo de la basura. Varane le ganó la posición a Piqué a la salida de un córner y, mientras el novio de Shakira buscaba en la grada espías de Metodo 3, el balón llegaba a la red con la suavidad de una caricia. Corrió el cuáquero Varane a abrazarse con el líder del Grupo Salvaje, dejando al escriba de El País con el culo al aire del invierno. Tras el tercer gol no quiso el Madrid hacer leña del árbol caído y reservó fuerzas para las batallas que se avecinan. En un arranque de lo que creemos que es humor portugués mandó Mourinho a Casillas a dar la rueda de prensa, como quien manda al niño al quiosco para poder echar un polvo tranquilo, mientras en el vestuario celebraban las hienas la caza del ñu. Quedan pocos meses para que acaben las especulaciones sobre el futuro del entrenador y desde aquí sólo nos queda recurrir de nuevo a Nietzsche y decirle: “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”. Como diría uno que yo me sé, parafraseando a otro que todos sabemos: “Que la chupen, que la sigan chupando”.

jueves, 14 de febrero de 2013

Pop


Dicen los mancunianos, sin ápice de humildad, que “lo que Manchester hace hoy, el mundo lo hará mañana” y seguramente no anden desencaminados. El Manchester United, hasta la llegada de Sir Alex Ferguson, era sin lugar a dudas el menos laureado de la Ivy League del fútbol europeo, de la aristocracia a la que sólo pertenecían aquellos que se habían ganado el puesto acumulando títulos en las vitrinas y, sin embargo, nadie podía poner en duda su pertenencia a ese club restringido. El Manchester United pareció durante muchos años el Michi Panero del fútbol europeo: un autor sin obra cuyo prestigio se asentaba en el carisma pop. Si New Order son hijos de un suicidio, el Manchester United y su leyenda nacieron seguramente de las cenizas del desastre aéreo de Múnich y de su posterior capacidad para crear iconos que trascienden lo deportivo para pasar a formar parte de la cultura popular. Del primer verano que pasé en Inglaterra, arrastrado a Brighton por Quadrophenia y los hermanos Gil, aún conservo una bufanda del Manchester United y el disco que The Wedding Present consagraron a George Best, comprados en una callejuela de The Lanes. Ferguson acababa de llegar a Manchester por aquel entonces y nada hacía suponer que el ManU se iba a reinventar de nuevo como hiciera tras la tragedia del 58 pero, para quien ni siquiera había nacido cuando el club del Gran Manchester ganó la Copa de Europa del 68, los colores del equipo de Old Trafford producían una fascinación especial. Fueron primero los Bubsy Babes, supervivientes de la tragedia, Charlton y Denis Law y por encima del ellos el mencionado George Best, el Chico de Belfast, el Quinto Beatle, el primer jugador de fútbol convertido en estrella del rock sin necesidad de pisar jamás un escenario. De sinceridad primitiva, excesivo y deliciosamente arrogante como el que vendría a ocupar su puesto en el corazón de los aficionados reds más de 20 años después. Eric Cantona, con sus luces y sombras, inicia junto a Ferguson el despegue del ManU hacia una nueva revolución industrial llegando desde el Leeds del Yorkshire a la Casa de Lancaster sin Guerra de las Dos Rosas por medio. Revolución futbolística, ética y estética en la que se abandonan los usos y costumbres aristocráticos para crear una maquinaria nueva destinada a fabricar una marca global que convierte al Manchester United en el club más poderoso del mundo.

Cuando Florentino Pérez llegó al Real Madrid intentó hacer esa misma revolución pero se quedó en lo comercial ahondando en eso que llamaba Umbral, hablando del club blanco, el hueco metafísico. “El Madrid sigue por inercia, pero le falta el motor del cambio, que es una incardinación política, y le falta la levadura y el espesor de una representación social, epocal, que ya no tiene”. Se convirtió el Real Madrid en un casino de Las Vegas con su grupo de crooners crepusculares que vendían las entradas de todas las funciones pero sólo salían a cantar en unas cuantas, algunas de ellas memorables. Se comenzaron a hacer giras asiáticas y se vendían camisetas pero faltaba crear una mística que estuviera por encima de los nombres y la coyuntura y que no habíamos visto tras la muerte de Bernabéu y no hemos vuelto a ver hasta la llegada de Mourinho y Cristiano. Ese intento de revolución de Florentino se redujo a lo económico mientras se continuaba con la ética de los hidalgos y la estética de los paletos. Un Himno del Centenario encargado a José María Cano cuando al Manchester United le hacían la banda sonora The Stone Roses. La llegada de Cristiano y  Mourinho representan esa revolución pendiente del Real Madrid y su entrada definitiva en los circuitos de la mitología pop y de ahí el desprecio hacia ellos de los guardianes de una pureza de sangre que de nada sirve en los salones de la nueva aristocracia y de una historia que sólo sirve para alimentar la melancolía.

Alex Ferguson lleva más de veinte años como entrenador del mismo club pero en ese tiempo los equipos a los que ha entrenado han sido varios. Su inteligencia ha quedado demostrada al ser capaz de adaptar siempre los mimbres al cesto, creando siempre cestos funcionales con independencia de la forma que adopten. Anoche, consciente de su inferioridad, el ManU hizo el partido que la lógica demandaba apoyado en la sabiduría competitiva que otorgan los muchos años consecutivos jugando partidos de la exigencia del de ayer. La primera parte nos mostró un Real Madrid al que no se le acabaron de dar mal los medios tiempos que el equipo inglés le obligó a componer aunque sabemos que es en el frenesí donde el equipo blanco e encuentra más a gusto y donde resulta más fiable. En el control es, paradójicamente, donde el Real Madrid pierde la concentración y acumula errores y ocasiones falladas. Xabi Alonso tuvo que cambiar de batuta para dirigir a una orquesta acostumbrada a tocar a Wagner y que se tuvo que poner a interpretar a Bach. Como siempre que el Madrid juega contra un grande emergió la figura de Coentrao, Di María aportó afilados riffs de guitarra cuando la monotonía encorsetaba el juego y Varane ponía la cordura que ocultaba la suficiencia cargante de Ramos. El ManU había aportado disciplina táctica y los detalles de Van Persie, uno de esos delanteros centro líricos que Holanda le ofrece de cuando en cuando al mundo. Una vez más a la salida de un córner recibió el Madrid un gol y pudimos ver a Ramos bloqueando la salida de Diego López como si fuera un pívot en la lucha por el rebote de un tiro libre. Cristiano puso las tablas con un cabezazo de póster y no celebró el tanto por respeto a su creador. Pudo haber marcado el Real Madrid en varias ocasiones en esos primeros 45 minutos a pesar de haber jugado con diez. Lo malo de Karim Benzema no es esa melancolía manuelmachadiana en la que parece sumido, “Me siento, a veces, triste como una tarde del otoño viejo; de saudades sin nombre, de penas melancólicas tan lleno...”, sino la cara de magdalena proustiana que se le está poniendo y que nos conduce a nosotros a esa melancolía. Lo peor de anoche no fue su incapacidad para sumar al colectivo sino su capacidad de restar. Todas las decisiones que el francés tomó fueron equivocadas, conduciendo el balón cuando había que pasar y pasándolo cuando el juego pedía mantenerlo. En la segunda parte el Manchester, renunció inteligentemente a las señas de identidad del fútbol inglés y dejó para mejor ocasión el intercambio de golpes. El juego del Madrid se fue espesando a pesar de que Khedira iba asumiendo las tareas que el estado físico le iba obligando a abandonar a Xabi Alonso. Özil no dejaba de intentar sacar conejos de una chistera que según avanzaban los minutos se iba haciendo más estrecha y el cambio de Higuaín por Benzema no trajo más que melancolía porteña y tanguera. “Nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó, pesadumbre de barrios que han cambiado, y amargura del sueño que murió”.  Acabe como acabe la eliminatoria, en los prolegómenos de cada partido del Bernabéu seguirá sonando por megafonía el Nessun Dorma y en el estadio del Manchester la voz de Ian Brown cantando This is the one. Esa revolución continua pendiente y yo quiero I’m resurrection sonado cada vez que José Mourinho pise el césped de Concha Espina.

Your tongue is far too long
I don't like the way it sucks and slurps upon my every word
Don't waste your words I don't need anything from you
I don't care where you've been or what you plan to do
I am the resurrection and I am the light
I couldn't ever bring myself to hate you as I'd like.



jueves, 31 de enero de 2013

Mito


Con el Pep aprendiendo alemán en Manhattan y Mourinho apartado voluntariamente de los focos, el partido de ida de semifinales de la Copa del Rey habría comenzado sin que se hubiera hablado de otra cosa que no fuera fútbol a no ser por las tormentas desatadas por parte de los mismos que acusaban al entrenador portugués de desviar la atención de lo verdaderamente importante. Primero fue la portada de Marca con la licencia dramática y, pocas horas antes del encuentro, las declaraciones de la novia de Casillas en una televisión mexicana. La muchacha, que en su día atribuyó a Serrat los versos más populares de Antonio Machado, no hizo sino enrolarse en las filas del periodismo metonímico nombrando a una parte, su novio, con el nombre de un todo, los jugadores del Real Madrid. Que el capitán del Real Madrid quiere quitarse de encima a José Mourinho es algo que ya sabíamos del mismo modo que sabemos que Mourinho estaría encantado de perder de vista al de Móstoles. La reacción de Casillas a las palabras de Sara Carbonero fue subir a su cuenta de Instagram la foto de una mano de mus, tres reyes y un as. No sabemos si la intención fue piropear a esa Oriana Fallaci de mercadillo, esa mano se conoce como “La Bonita” o “El Solomillo”, o mostrarnos que con esa mano él lleva las de ganar olvidando que en el Madrid tiene que valer por lógica “La Real” y que con “la bonita” se puede perder un órdago a juego. Seguiremos teniendo que leer esas loas al yerno de España que tanto nos recuerdan a aquellas otras que en su día leímos sobre otro yerno que España tuvo y de cuyo verdadero rostro tenemos ahora retrato por mucho que quiten su perfil de la web de la Casa Real. No será porque no nos avisó Schopenhauer: “El que cree que en el mundo los diablos nunca andan sin cuernos y los locos sin cascabeles, serán siempre víctima o juguete de ellos”.

Nadie echó anoche de menos a Casillas y la supuesta fractura del vestuario quedó en entredicho tras ver a los once jugadores vestidos de blanco dejarse hasta el último aliento en pos de un objetivo común. Fue un partido de fútbol grandioso al que ni siquiera la necedad de Dani Alves, uno de los jugadores más pestosos que uno recuerda, capaz de sacar de quicio incluso a los culés que veían el partido a mi lado, consiguió quitar un ápice de grandeza. Otra vez dos estilos contrapuestos, dos maneras de entender el fútbol y la vida. El control frente al caos. La paciencia frente al vértigo. Durante unos minutos inolvidables de la primera parte el Barcelona se contagió del estilo de su némesis y asistimos a un prodigioso intercambio de golpes que recordaba a un combate de pesos pesados que bajan la guardia y deciden vivir en el filo de la gloria o la nada. Esos minutos de ritmo frenético los cortó por lo sano Xavi Hernández llamando a los suyos a la esquina para recordarles que ese juego no es el suyo. Habíamos observado ya a Varane tapando las carencias físicas de Carvalho y la lógica descoordinación de una defensa circunstancial. Habíamos visto también a Álvaro Arbeloa y Xabi Alonso ejerciendo un liderazgo que echábamos en falta frente a la hybris blaugrana a la que otros oponían el beso, el abrazo y las llamadas telefónicas pidiendo perdón por la existencia del Real Madrid. Habíamos visto a Özil poniendo la pausa necesaria en las tumultuosas acometidas blancas y a Cristiano enfrentándose a espacios reducidos y a rivales que una vez vencidos eran reemplazados por otros. Acabó la primera parte, incomprensiblemente, sin goles y dio paso a un segundo acto en el que se agrandó la figura de Raphael Varane hasta quedar convertido en leyenda para los restos. El  francés es otro de los que ha sufrido el deprecio del lobby de La Roja, del más casposo patrioterismo, del amiguismo más zafio. El joven central ha permanecido callado, impasible el ademán, mostrando siempre una seriedad que nunca pierde. Anoche llegó a todos los balones, incluso a aquellos que no parecían destinados a él, sin perder nunca la compostura ni buscar el aplauso fácil. Un central como él, ausente Pepe, otorga a aquellos que van a la batalla en campo enemigo la seguridad de tener quien cuide la casa. Esa seguridad se amplía si en la portería hay un portero de verdad, no un santón que regatea ya los milagros como un Onésimo de vuelta de todo. Se adelantó el Barcelona con un tanto de Cesc  que encontró la pelota procedente de la lucha por un balón dividido que los comentaristas del Plus convirtieron en mágica asistencia de Messi. El de Rosario anduvo perdido la mayor parte del partido y se empeñó en ir solo a la guerra contra todos en una actitud que de haber sido vista en Cristiano provocaría hoy ríos de tinta en nombre de la humildad, los valores y el ejemplo para los niños del mundo. Pudo marcar más goles el Barcelona y pudo empatar antes el Real Madrid pero el destino le tenía reservado un nuevo giro a la historia mítica de Varane y fue él, porque no podía ser otro, el que empatara el partido a la salida de un corner, elevándose al cielo de Madrid impulsado por la fuerza de una nueva era que comienza, cuando otra aún no ha terminado. Volvemos a Nietzsche: “El genio está condicionado por un aire seco, por un cielo puro, por un metabolismo rápido, por la capacidad de aprovisionar grandes cantidades de fuerza”. Acabó el partido con una parada de Diego López, que quién sabe si no valdrá una final, y pudimos imaginar la mano de Casillas en ese instante, tres pitos y un cuatro. Jugador de chica, perdedor de mus.

El post-partido nos trajo de nuevo a Xavi y su exaltación del victimismo y la superioridad moral sustituyendo así al Pep en esos menesteres propagandísticos para los que no parecen estar dotados los que hoy ocupan ese banquillo. Messi apareció en el parking para llamar algo a Arbeloa suponemos que con Pinto detrás, por si la cosa se ponía fea. Una vez más, el Madrid construido por Mourinho volvió a pasar por encima de la palabrería burda de los críticos y, ausentes los Chamberlains del vestuario, el orgullo tomó las riendas de un caballo al que algunos querían ya sacrificar. Como Mandela en  Robben Island, en la cabeza el poema de William Ernest Henley.

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años me halla,
y me hallará, sin temor.
Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda:
Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.

viernes, 25 de enero de 2013

Ciencia


En un día de primeras planas con agonizante que no era y licencias poéticas aplicadas al periodismo sólo cabía volver a la Primera Plana de Wilder y recordar la definición que Hildy Johnson, magníficamente interpretado por Jack Lemmon, daba de su propio oficio: "Un hatajo de pobres diablos, con los codos raídos y los pantalones llenos de agujeros, que miran por la cerradura y que despiertan a la gente a medianoche para preguntarle qué opina de Fulanito o Menganita. Que roban a las madres fotos de sus hijas violadas en los parques. ¿Y para qué?. Pues para hacer las delicias de un millón de dependientas y amas de casa. Y, al día siguiente, su reportaje sirve para envolver un periquito muerto". Los tiempos han cambiado y aquellas palabras que definían un periodismo de provincias y tabloides se puede aplicar ahora a una prensa que un día consideramos seria. El que agonizaba en una cama no era Chávez sino el señor de un vídeo de Youtube y las comillas aparecían y desaparecían de las informaciones de Marca como si Campillo fuera Houdini o más bien Juan Tamariz, haciendo chistes entre truco y truco. La comparecencia de Florentino Pérez desmintiendo rotundamente la información del diario deportivo no hizo sino acelerar la deriva de gran parte de la profesión hacia el ridículo más absoluto.  Como trasfondo la sagrada protección de las fuentes y el olvido doloso de una de las normas incluidas en el Código Deontológico de la FAPA (Federación de Asociaciones de Periodistas de España): “El periodista deberá fundamentar las informaciones que difunda, lo que incluye el deber que contrastar las fuentes y el de dar la oportunidad a la persona afectada de ofrecer su propia versión de los hechos”. La coartada utilizada por el diario en el día de hoy para demostrar la veracidad de su información sólo puede mover a la risa. Capturas de pantalla de unos supuestos mensajes de texto que bien podrían haberse mandado Segurola y Carpio de una mesa a otra de la redacción convenientemente instruidos por algún becario más puesto en las nuevas tecnologías. Gran parte de la profesión periodística está convencida de que les ampara una especie de inviolabilidad regia y sólo les falta gritar aquello que otro ilustre periodista cinematográfico, el Dutton Peabody de El Hombre que mató a Liberty Valance, gritaba al conocer las normas a seguir por los ciudadanos: “¿No hay excepciones, ni siquiera para la prensa? ¡Eso es llevar la democracia al extremo!”. Todo este espectáculo de fuegos artificiales ha servido para demostrar a los que aún tuvieran dudas que el objetivo final de algunas líneas editoriales no es José Mourinho sino Florentino Pérez y en último caso el Real Madrid. En una época de crisis generalizada en los grandes grupos mediáticos el caramelo blanco endulzaría la boca de siniestros especuladores que aspiran a que el control sobre el Real Madrid sirva para maquillar el fracaso de su política empresarial.

Periodistas que desoyen la deontología y primatólogos que juegan a la Antropología de la Señorita Pepis, de todo hay en la viña del Señor. El pasado domingo nos sorprendía en la sección de Ciencia (nada menos) de la edición digital de El Mundo el artículo de un tal Pablo Herreros que identificaba a José Mourinho con el “macho alfa” de algunas especies de primate. Un macho alfa a lo Mariscal Tito si hemos de creer al médium porteño de El País que nos informaba al día siguiente de la decisión de los intelectuales orgánicos de la plantilla del Real Madrid, Casillas y Ramos, de abrazar los postulados del socialismo autogestionario. Para dar base científica a su tesis, el primatólogo nos remitía a los estudios de campo de Jane Goodall y Robert Sapolsky obviando la frase más importante de cuantas haya pronunciado el segundo: “Es virtualmente imposible comprender cómo funciona la biología fuera del contexto del medio”. A muchos les molestó que el primatólogo encontrara rasgos propios de los primates en José Mourinho pero a uno le parece más atrevido que el primatólogo encuentre rasgos humanos en los primates y que su método científico a la hora de catalogar al entrenador portugués esté basado en artículos de prensa, leyendas urbanas y Punto Pelota. A Goodall y Sapolsky les podríamos acusar de ser víctimas de la falacia del espejo pero al menos ellos convivieron con los primates. No tenemos noticias de que el primatólogo español haya dormido en casa de los Mourinho y nadie lo recuerda presenciando un entrenamiento. Ciencia. Ficción.


En medio de este agit-prop tuvieron que enfrentarse los primates yugoslavos a una trilogía levantina que concluyó con el Madrid en las semifinales de Copa y tres puntos recortados al Barcelona en liga. El partido de ida en el Bernabéu se rigió por la norma que siempre impone Mourinho en estos casos, anteponer la seguridad defensiva a cualquier otra cosa para evitar goles del rival. Estuvo inconmensurable Khedira tapando la boca por enésima vez a los líricos que ven poesía en las películas de Éric Rohmer pero no en las de Sam Peckinpah.  Benzema despertó ligeramente del letargo y su gol y otro de Guardado en propia meta dejaron prácticamente sentenciada la eliminatoria. La derrota del Barcelona en San Sebastián pareció espolear al Madrid que ofreció en el encuentro liguero en Valencia un recital de 45 minutos de hardcore melódico al que sólo le faltó una banda sonora de Bad Religion. Higuain, Di María y Cristiano bailaron al son que marcaba un Özil en trance místico y destrozaron al equipo valenciano con arremetidas brutales entre las que emergían las sutilezas. En el partido de vuelta de Copa lo único reseñable fue una patada de Álvaro Arbeloa en la mano de Casillas, que andaba por el área vendimiando, y que va mantener al de Móstoles “looking for paradise” con su cervecita, sus patatas fritas y su peli sentadito en el sofá durante los proximos tres meses. Para cubrir la baja del portero ha fichado el Madrid a Diego López, español y canterano, al que la prensa trató como a Adán cuando Capello lo puso de titular en un trofeo Santiago Bernabéu dejando en la grada al yerno de España. Déjà vu. El Real Madrid es un eterno retorno y, como escribío Borges: 

"También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable".


miércoles, 16 de enero de 2013

Oktoberfest


Esperanza Aguirre se ha echado un jefe de Barcelona que lo primero que dijo fue que Esperanza era más Guardiola que Mourinho, suponemos que para que no le apedrearan la sede de la empresa. Para desmentir al baranda, sin que se note mucho, ha declarado la expresidenta esta mañana que se va a cargar la cantera del PP de Madrid y que sólo van a poder optar a cargos públicos aquellos con experiencia en el ámbito privado. Sea como trabajadores, sea como empresarios. Quiere la sobrina nieta de Gil de Biedma políticos a lo Arbeloa, que aprendan a ganarse la vida fuera antes de regresar a casa a ocupar un puesto en el equipo. Deja Aguirre sin esperanza a los canteranos de la calle Génova mientras los canteranos de Baviera están de Oktoberfest en enero y Mario Gómez preguntando qué coño es un falso 9.

Se decidió Guardiola al fin por la más razonable de las ofertas que se le presentaban para ser coherente con su discurso y que le siga sentando bien el traje del emperador. Se hacía difícil pensar que acabaría el Pep en Londres o en Manchester teniendo el jeque y el ruso las manos manchadas de petróleo, que para algunas sensibilidades es como tenerlas manchadas de sangre. Además ese fútbol paciente que abandera Guardiola podría no ser del agrado de los aficionados en un país en el que las gradas rugen cuando se consigue un saque de esquina pero no consta que lo hayan hecho nunca cuando se cede el balón al portero. Ni siquiera en ese Arsenal desnaturalizado por Arsene Wenger. El Pep al Bayern dispuesto a ser un nuevo Maximiliano I vestido de Toni Miró. Descartados los petroleros le quedaban dos opciones al de Sampedor, el Celtic de Glasgow para asistir en persona a ese ensayo del referéndum catalán que va a ser el referéndum escocés y el Bayern de Múnich para sentir el pálpito de lo federal por si recula Durán i Lleida y hay que tirar por la vía de Pere Navarro, que quiere federalismo asimétrico haciendo poética y política de un oxímoron que entienden sólo en Canadá. Teniendo Guardiola un paladar muy fino, educado en Can Adría, no se veía desayunando whisky caliente y haggis y ha preferido la cerveza y las weißwursts, que son como butifarras blancas que no hace falta colgar de un palo. Es Cataluña una Baviera mediterránea y latina con un Pujol que no quiso ser Stoiber porque andaba demasiado ocupado engendrando millonarios, aunque CiU es un CSU con barretina que se ha echado al monte de la independencia para que no se le vean las vergüenzas y los depósitos. Nos cuesta imaginar que no haya intentado el Pep sentar a su lado en el banco a Lothar Matthäus y garantizar reportajes que muestren la ignominia del Real Madrid, del pisotón de Juanito al dedo en el ojo de Tito. Ya nos avisó Manuel Jabois de que Guardiola siempre vuelve y de vuelta está. Corren sus viudas a matricularse en el Goethe-Institut, abandonadas como Sissi Emperatriz, mientras el Pep recita el poema Epitafio del bávaro Bertold Brecht.

Escapé de los tigres
alimenté a las chinches
comido vivo fui
por las mediocridades