miércoles, 27 de febrero de 2013

Danza


Nos contaban ayer, con acento porteño y conjeturas borgianas, que la plantilla del Real Madrid se dividía en dos. Los sicarios sin alma, dispuestos a seguir al pie de la letra las macabras instrucciones del Padrino, y los objetores de conciencia, cuáqueros en calzoncillos que desoyen las llamadas a la violencia de su perverso entrenador. Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa han pasado de ser héroes de eso que llaman La Roja a ser presentados como una especie de alter-egos de Vincent Vega y Jules Winnfield en un pulp fiction ad hoc con los exteriores rodados en los estadios de media España hasta el punto de que uno ya se imagina al de Tolosa recitándole a Messi los versículos del Libro de Ezequiel, antes de estamparle contra las vallas publicitarias, bajo la mirada aburrida del de Salamanca. “Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos”. Lo único cierto es que la falta de liderazgo en el campo que observábamos en los partidos importantes de la temporada pasada parece haber sido sustituida por el incontestable liderazgo futbolístico de Cristiano y por el cada vez más visible liderazgo moral de los dos jugadores a los que ahora señalan los voceros del tardo-segurolismo emitiendo gironazos a diario. "Ser comprendidos no es necesario. El coraje, la audacia, la rebelión, serán elementos esenciales de nuestra poesía”, escribió Marinetti y lo mismo parecían decirles a sus compañeros en el calentamiento los dos soldatos de Mourinho.

La melancolía ha tardado en llegar pero parece haberse instalado ya en Can Barça por mucho que intenten evitar pronunciar el nombre de Guardiola como si fuera el de Jehova. El Real Madrid cerró el círculo que se abrió con el 5-0 que no queremos ni recordar con un partido que dominó siempre dándole el balón al Barcelona como quien se lo da en la playa al niño para que no moleste. Adelantó la defensa para achicar espacios y maximizar la presión reduciendo el juego del Barça a un rondo inane e insustancial. Varane volvió a ofrecer un clínic aseando las inmediaciones del área con una suficiencia y elegancia que no habíamos visto jamás y dejando en segundo plano la descabellada exuberancia física de Ramos. A Rafael Varane le pones a barrer con una escoba el escenario del Teatro Real y le acaban concediendo el Premio Nacional de Danza. Los laterales no permitían ninguna broma y Khedira se aplicaba en la contención dejando para otro día lo del box-to-box. Alonso asumió los galones e Higuaín, consciente de su baja forma, se dedicó a un trabajo sucio y poco lucido que acabaría por agradecer el colectivo. Di María ponía algo de locura canchera, Ozil perfumaba el campo con esencias de Anatolia y Cristiano desquiciaba a toda la defensa blaugrana, incluido Puyol, que por una vez abandonó el seny y disfrazó su impotencia con el traje de supuestos errores arbitrales. Una cabalgada de Cristiano sólo pudo ser frenada por una zancadilla de Piqué dentro del área y el de Madeira se encargó de anotar el primer gol con la suficiencia del que conoce su propio destino. “El mundo es de quien nace para conquistarlo y no de quien sueña que puede conquistarlo”, dijo otro portugués, Pessoa. El gol que adelantaba al Madrid sirvió también para desquiciar al Barcelona que, como suele hacer en estas ocasiones, abandonó el fútbol para echarse en brazos de la simulación. A Jordi Alba le jugaron una mala pasada las neuronas espejo y tras recibir un golpe en el pecho dudó entre imitar a Alves agarrándose la pierna o a Busquets llevándose las manos a la cara. Optó por lo segundo, suponemos que por empatía nacionalista. Nada cambió tras el descanso y si cambió algo fue para incrementar el dominio del juego del Madrid y la soporífera performance del Barcelona. Di María le hizo un roto a Puyol y el rechace de Pinto lo recogió Cristiano que hizo pausa de taurino y alojó el balón en la portería y el discurso culé en el cubo de la basura. Varane le ganó la posición a Piqué a la salida de un córner y, mientras el novio de Shakira buscaba en la grada espías de Metodo 3, el balón llegaba a la red con la suavidad de una caricia. Corrió el cuáquero Varane a abrazarse con el líder del Grupo Salvaje, dejando al escriba de El País con el culo al aire del invierno. Tras el tercer gol no quiso el Madrid hacer leña del árbol caído y reservó fuerzas para las batallas que se avecinan. En un arranque de lo que creemos que es humor portugués mandó Mourinho a Casillas a dar la rueda de prensa, como quien manda al niño al quiosco para poder echar un polvo tranquilo, mientras en el vestuario celebraban las hienas la caza del ñu. Quedan pocos meses para que acaben las especulaciones sobre el futuro del entrenador y desde aquí sólo nos queda recurrir de nuevo a Nietzsche y decirle: “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”. Como diría uno que yo me sé, parafraseando a otro que todos sabemos: “Que la chupen, que la sigan chupando”.

jueves, 14 de febrero de 2013

Pop


Dicen los mancunianos, sin ápice de humildad, que “lo que Manchester hace hoy, el mundo lo hará mañana” y seguramente no anden desencaminados. El Manchester United, hasta la llegada de Sir Alex Ferguson, era sin lugar a dudas el menos laureado de la Ivy League del fútbol europeo, de la aristocracia a la que sólo pertenecían aquellos que se habían ganado el puesto acumulando títulos en las vitrinas y, sin embargo, nadie podía poner en duda su pertenencia a ese club restringido. El Manchester United pareció durante muchos años el Michi Panero del fútbol europeo: un autor sin obra cuyo prestigio se asentaba en el carisma pop. Si New Order son hijos de un suicidio, el Manchester United y su leyenda nacieron seguramente de las cenizas del desastre aéreo de Múnich y de su posterior capacidad para crear iconos que trascienden lo deportivo para pasar a formar parte de la cultura popular. Del primer verano que pasé en Inglaterra, arrastrado a Brighton por Quadrophenia y los hermanos Gil, aún conservo una bufanda del Manchester United y el disco que The Wedding Present consagraron a George Best, comprados en una callejuela de The Lanes. Ferguson acababa de llegar a Manchester por aquel entonces y nada hacía suponer que el ManU se iba a reinventar de nuevo como hiciera tras la tragedia del 58 pero, para quien ni siquiera había nacido cuando el club del Gran Manchester ganó la Copa de Europa del 68, los colores del equipo de Old Trafford producían una fascinación especial. Fueron primero los Bubsy Babes, supervivientes de la tragedia, Charlton y Denis Law y por encima del ellos el mencionado George Best, el Chico de Belfast, el Quinto Beatle, el primer jugador de fútbol convertido en estrella del rock sin necesidad de pisar jamás un escenario. De sinceridad primitiva, excesivo y deliciosamente arrogante como el que vendría a ocupar su puesto en el corazón de los aficionados reds más de 20 años después. Eric Cantona, con sus luces y sombras, inicia junto a Ferguson el despegue del ManU hacia una nueva revolución industrial llegando desde el Leeds del Yorkshire a la Casa de Lancaster sin Guerra de las Dos Rosas por medio. Revolución futbolística, ética y estética en la que se abandonan los usos y costumbres aristocráticos para crear una maquinaria nueva destinada a fabricar una marca global que convierte al Manchester United en el club más poderoso del mundo.

Cuando Florentino Pérez llegó al Real Madrid intentó hacer esa misma revolución pero se quedó en lo comercial ahondando en eso que llamaba Umbral, hablando del club blanco, el hueco metafísico. “El Madrid sigue por inercia, pero le falta el motor del cambio, que es una incardinación política, y le falta la levadura y el espesor de una representación social, epocal, que ya no tiene”. Se convirtió el Real Madrid en un casino de Las Vegas con su grupo de crooners crepusculares que vendían las entradas de todas las funciones pero sólo salían a cantar en unas cuantas, algunas de ellas memorables. Se comenzaron a hacer giras asiáticas y se vendían camisetas pero faltaba crear una mística que estuviera por encima de los nombres y la coyuntura y que no habíamos visto tras la muerte de Bernabéu y no hemos vuelto a ver hasta la llegada de Mourinho y Cristiano. Ese intento de revolución de Florentino se redujo a lo económico mientras se continuaba con la ética de los hidalgos y la estética de los paletos. Un Himno del Centenario encargado a José María Cano cuando al Manchester United le hacían la banda sonora The Stone Roses. La llegada de Cristiano y  Mourinho representan esa revolución pendiente del Real Madrid y su entrada definitiva en los circuitos de la mitología pop y de ahí el desprecio hacia ellos de los guardianes de una pureza de sangre que de nada sirve en los salones de la nueva aristocracia y de una historia que sólo sirve para alimentar la melancolía.

Alex Ferguson lleva más de veinte años como entrenador del mismo club pero en ese tiempo los equipos a los que ha entrenado han sido varios. Su inteligencia ha quedado demostrada al ser capaz de adaptar siempre los mimbres al cesto, creando siempre cestos funcionales con independencia de la forma que adopten. Anoche, consciente de su inferioridad, el ManU hizo el partido que la lógica demandaba apoyado en la sabiduría competitiva que otorgan los muchos años consecutivos jugando partidos de la exigencia del de ayer. La primera parte nos mostró un Real Madrid al que no se le acabaron de dar mal los medios tiempos que el equipo inglés le obligó a componer aunque sabemos que es en el frenesí donde el equipo blanco e encuentra más a gusto y donde resulta más fiable. En el control es, paradójicamente, donde el Real Madrid pierde la concentración y acumula errores y ocasiones falladas. Xabi Alonso tuvo que cambiar de batuta para dirigir a una orquesta acostumbrada a tocar a Wagner y que se tuvo que poner a interpretar a Bach. Como siempre que el Madrid juega contra un grande emergió la figura de Coentrao, Di María aportó afilados riffs de guitarra cuando la monotonía encorsetaba el juego y Varane ponía la cordura que ocultaba la suficiencia cargante de Ramos. El ManU había aportado disciplina táctica y los detalles de Van Persie, uno de esos delanteros centro líricos que Holanda le ofrece de cuando en cuando al mundo. Una vez más a la salida de un córner recibió el Madrid un gol y pudimos ver a Ramos bloqueando la salida de Diego López como si fuera un pívot en la lucha por el rebote de un tiro libre. Cristiano puso las tablas con un cabezazo de póster y no celebró el tanto por respeto a su creador. Pudo haber marcado el Real Madrid en varias ocasiones en esos primeros 45 minutos a pesar de haber jugado con diez. Lo malo de Karim Benzema no es esa melancolía manuelmachadiana en la que parece sumido, “Me siento, a veces, triste como una tarde del otoño viejo; de saudades sin nombre, de penas melancólicas tan lleno...”, sino la cara de magdalena proustiana que se le está poniendo y que nos conduce a nosotros a esa melancolía. Lo peor de anoche no fue su incapacidad para sumar al colectivo sino su capacidad de restar. Todas las decisiones que el francés tomó fueron equivocadas, conduciendo el balón cuando había que pasar y pasándolo cuando el juego pedía mantenerlo. En la segunda parte el Manchester, renunció inteligentemente a las señas de identidad del fútbol inglés y dejó para mejor ocasión el intercambio de golpes. El juego del Madrid se fue espesando a pesar de que Khedira iba asumiendo las tareas que el estado físico le iba obligando a abandonar a Xabi Alonso. Özil no dejaba de intentar sacar conejos de una chistera que según avanzaban los minutos se iba haciendo más estrecha y el cambio de Higuaín por Benzema no trajo más que melancolía porteña y tanguera. “Nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó, pesadumbre de barrios que han cambiado, y amargura del sueño que murió”.  Acabe como acabe la eliminatoria, en los prolegómenos de cada partido del Bernabéu seguirá sonando por megafonía el Nessun Dorma y en el estadio del Manchester la voz de Ian Brown cantando This is the one. Esa revolución continua pendiente y yo quiero I’m resurrection sonado cada vez que José Mourinho pise el césped de Concha Espina.

Your tongue is far too long
I don't like the way it sucks and slurps upon my every word
Don't waste your words I don't need anything from you
I don't care where you've been or what you plan to do
I am the resurrection and I am the light
I couldn't ever bring myself to hate you as I'd like.



jueves, 31 de enero de 2013

Mito


Con el Pep aprendiendo alemán en Manhattan y Mourinho apartado voluntariamente de los focos, el partido de ida de semifinales de la Copa del Rey habría comenzado sin que se hubiera hablado de otra cosa que no fuera fútbol a no ser por las tormentas desatadas por parte de los mismos que acusaban al entrenador portugués de desviar la atención de lo verdaderamente importante. Primero fue la portada de Marca con la licencia dramática y, pocas horas antes del encuentro, las declaraciones de la novia de Casillas en una televisión mexicana. La muchacha, que en su día atribuyó a Serrat los versos más populares de Antonio Machado, no hizo sino enrolarse en las filas del periodismo metonímico nombrando a una parte, su novio, con el nombre de un todo, los jugadores del Real Madrid. Que el capitán del Real Madrid quiere quitarse de encima a José Mourinho es algo que ya sabíamos del mismo modo que sabemos que Mourinho estaría encantado de perder de vista al de Móstoles. La reacción de Casillas a las palabras de Sara Carbonero fue subir a su cuenta de Instagram la foto de una mano de mus, tres reyes y un as. No sabemos si la intención fue piropear a esa Oriana Fallaci de mercadillo, esa mano se conoce como “La Bonita” o “El Solomillo”, o mostrarnos que con esa mano él lleva las de ganar olvidando que en el Madrid tiene que valer por lógica “La Real” y que con “la bonita” se puede perder un órdago a juego. Seguiremos teniendo que leer esas loas al yerno de España que tanto nos recuerdan a aquellas otras que en su día leímos sobre otro yerno que España tuvo y de cuyo verdadero rostro tenemos ahora retrato por mucho que quiten su perfil de la web de la Casa Real. No será porque no nos avisó Schopenhauer: “El que cree que en el mundo los diablos nunca andan sin cuernos y los locos sin cascabeles, serán siempre víctima o juguete de ellos”.

Nadie echó anoche de menos a Casillas y la supuesta fractura del vestuario quedó en entredicho tras ver a los once jugadores vestidos de blanco dejarse hasta el último aliento en pos de un objetivo común. Fue un partido de fútbol grandioso al que ni siquiera la necedad de Dani Alves, uno de los jugadores más pestosos que uno recuerda, capaz de sacar de quicio incluso a los culés que veían el partido a mi lado, consiguió quitar un ápice de grandeza. Otra vez dos estilos contrapuestos, dos maneras de entender el fútbol y la vida. El control frente al caos. La paciencia frente al vértigo. Durante unos minutos inolvidables de la primera parte el Barcelona se contagió del estilo de su némesis y asistimos a un prodigioso intercambio de golpes que recordaba a un combate de pesos pesados que bajan la guardia y deciden vivir en el filo de la gloria o la nada. Esos minutos de ritmo frenético los cortó por lo sano Xavi Hernández llamando a los suyos a la esquina para recordarles que ese juego no es el suyo. Habíamos observado ya a Varane tapando las carencias físicas de Carvalho y la lógica descoordinación de una defensa circunstancial. Habíamos visto también a Álvaro Arbeloa y Xabi Alonso ejerciendo un liderazgo que echábamos en falta frente a la hybris blaugrana a la que otros oponían el beso, el abrazo y las llamadas telefónicas pidiendo perdón por la existencia del Real Madrid. Habíamos visto a Özil poniendo la pausa necesaria en las tumultuosas acometidas blancas y a Cristiano enfrentándose a espacios reducidos y a rivales que una vez vencidos eran reemplazados por otros. Acabó la primera parte, incomprensiblemente, sin goles y dio paso a un segundo acto en el que se agrandó la figura de Raphael Varane hasta quedar convertido en leyenda para los restos. El  francés es otro de los que ha sufrido el deprecio del lobby de La Roja, del más casposo patrioterismo, del amiguismo más zafio. El joven central ha permanecido callado, impasible el ademán, mostrando siempre una seriedad que nunca pierde. Anoche llegó a todos los balones, incluso a aquellos que no parecían destinados a él, sin perder nunca la compostura ni buscar el aplauso fácil. Un central como él, ausente Pepe, otorga a aquellos que van a la batalla en campo enemigo la seguridad de tener quien cuide la casa. Esa seguridad se amplía si en la portería hay un portero de verdad, no un santón que regatea ya los milagros como un Onésimo de vuelta de todo. Se adelantó el Barcelona con un tanto de Cesc  que encontró la pelota procedente de la lucha por un balón dividido que los comentaristas del Plus convirtieron en mágica asistencia de Messi. El de Rosario anduvo perdido la mayor parte del partido y se empeñó en ir solo a la guerra contra todos en una actitud que de haber sido vista en Cristiano provocaría hoy ríos de tinta en nombre de la humildad, los valores y el ejemplo para los niños del mundo. Pudo marcar más goles el Barcelona y pudo empatar antes el Real Madrid pero el destino le tenía reservado un nuevo giro a la historia mítica de Varane y fue él, porque no podía ser otro, el que empatara el partido a la salida de un corner, elevándose al cielo de Madrid impulsado por la fuerza de una nueva era que comienza, cuando otra aún no ha terminado. Volvemos a Nietzsche: “El genio está condicionado por un aire seco, por un cielo puro, por un metabolismo rápido, por la capacidad de aprovisionar grandes cantidades de fuerza”. Acabó el partido con una parada de Diego López, que quién sabe si no valdrá una final, y pudimos imaginar la mano de Casillas en ese instante, tres pitos y un cuatro. Jugador de chica, perdedor de mus.

El post-partido nos trajo de nuevo a Xavi y su exaltación del victimismo y la superioridad moral sustituyendo así al Pep en esos menesteres propagandísticos para los que no parecen estar dotados los que hoy ocupan ese banquillo. Messi apareció en el parking para llamar algo a Arbeloa suponemos que con Pinto detrás, por si la cosa se ponía fea. Una vez más, el Madrid construido por Mourinho volvió a pasar por encima de la palabrería burda de los críticos y, ausentes los Chamberlains del vestuario, el orgullo tomó las riendas de un caballo al que algunos querían ya sacrificar. Como Mandela en  Robben Island, en la cabeza el poema de William Ernest Henley.

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años me halla,
y me hallará, sin temor.
Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda:
Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.

viernes, 25 de enero de 2013

Ciencia


En un día de primeras planas con agonizante que no era y licencias poéticas aplicadas al periodismo sólo cabía volver a la Primera Plana de Wilder y recordar la definición que Hildy Johnson, magníficamente interpretado por Jack Lemmon, daba de su propio oficio: "Un hatajo de pobres diablos, con los codos raídos y los pantalones llenos de agujeros, que miran por la cerradura y que despiertan a la gente a medianoche para preguntarle qué opina de Fulanito o Menganita. Que roban a las madres fotos de sus hijas violadas en los parques. ¿Y para qué?. Pues para hacer las delicias de un millón de dependientas y amas de casa. Y, al día siguiente, su reportaje sirve para envolver un periquito muerto". Los tiempos han cambiado y aquellas palabras que definían un periodismo de provincias y tabloides se puede aplicar ahora a una prensa que un día consideramos seria. El que agonizaba en una cama no era Chávez sino el señor de un vídeo de Youtube y las comillas aparecían y desaparecían de las informaciones de Marca como si Campillo fuera Houdini o más bien Juan Tamariz, haciendo chistes entre truco y truco. La comparecencia de Florentino Pérez desmintiendo rotundamente la información del diario deportivo no hizo sino acelerar la deriva de gran parte de la profesión hacia el ridículo más absoluto.  Como trasfondo la sagrada protección de las fuentes y el olvido doloso de una de las normas incluidas en el Código Deontológico de la FAPA (Federación de Asociaciones de Periodistas de España): “El periodista deberá fundamentar las informaciones que difunda, lo que incluye el deber que contrastar las fuentes y el de dar la oportunidad a la persona afectada de ofrecer su propia versión de los hechos”. La coartada utilizada por el diario en el día de hoy para demostrar la veracidad de su información sólo puede mover a la risa. Capturas de pantalla de unos supuestos mensajes de texto que bien podrían haberse mandado Segurola y Carpio de una mesa a otra de la redacción convenientemente instruidos por algún becario más puesto en las nuevas tecnologías. Gran parte de la profesión periodística está convencida de que les ampara una especie de inviolabilidad regia y sólo les falta gritar aquello que otro ilustre periodista cinematográfico, el Dutton Peabody de El Hombre que mató a Liberty Valance, gritaba al conocer las normas a seguir por los ciudadanos: “¿No hay excepciones, ni siquiera para la prensa? ¡Eso es llevar la democracia al extremo!”. Todo este espectáculo de fuegos artificiales ha servido para demostrar a los que aún tuvieran dudas que el objetivo final de algunas líneas editoriales no es José Mourinho sino Florentino Pérez y en último caso el Real Madrid. En una época de crisis generalizada en los grandes grupos mediáticos el caramelo blanco endulzaría la boca de siniestros especuladores que aspiran a que el control sobre el Real Madrid sirva para maquillar el fracaso de su política empresarial.

Periodistas que desoyen la deontología y primatólogos que juegan a la Antropología de la Señorita Pepis, de todo hay en la viña del Señor. El pasado domingo nos sorprendía en la sección de Ciencia (nada menos) de la edición digital de El Mundo el artículo de un tal Pablo Herreros que identificaba a José Mourinho con el “macho alfa” de algunas especies de primate. Un macho alfa a lo Mariscal Tito si hemos de creer al médium porteño de El País que nos informaba al día siguiente de la decisión de los intelectuales orgánicos de la plantilla del Real Madrid, Casillas y Ramos, de abrazar los postulados del socialismo autogestionario. Para dar base científica a su tesis, el primatólogo nos remitía a los estudios de campo de Jane Goodall y Robert Sapolsky obviando la frase más importante de cuantas haya pronunciado el segundo: “Es virtualmente imposible comprender cómo funciona la biología fuera del contexto del medio”. A muchos les molestó que el primatólogo encontrara rasgos propios de los primates en José Mourinho pero a uno le parece más atrevido que el primatólogo encuentre rasgos humanos en los primates y que su método científico a la hora de catalogar al entrenador portugués esté basado en artículos de prensa, leyendas urbanas y Punto Pelota. A Goodall y Sapolsky les podríamos acusar de ser víctimas de la falacia del espejo pero al menos ellos convivieron con los primates. No tenemos noticias de que el primatólogo español haya dormido en casa de los Mourinho y nadie lo recuerda presenciando un entrenamiento. Ciencia. Ficción.


En medio de este agit-prop tuvieron que enfrentarse los primates yugoslavos a una trilogía levantina que concluyó con el Madrid en las semifinales de Copa y tres puntos recortados al Barcelona en liga. El partido de ida en el Bernabéu se rigió por la norma que siempre impone Mourinho en estos casos, anteponer la seguridad defensiva a cualquier otra cosa para evitar goles del rival. Estuvo inconmensurable Khedira tapando la boca por enésima vez a los líricos que ven poesía en las películas de Éric Rohmer pero no en las de Sam Peckinpah.  Benzema despertó ligeramente del letargo y su gol y otro de Guardado en propia meta dejaron prácticamente sentenciada la eliminatoria. La derrota del Barcelona en San Sebastián pareció espolear al Madrid que ofreció en el encuentro liguero en Valencia un recital de 45 minutos de hardcore melódico al que sólo le faltó una banda sonora de Bad Religion. Higuain, Di María y Cristiano bailaron al son que marcaba un Özil en trance místico y destrozaron al equipo valenciano con arremetidas brutales entre las que emergían las sutilezas. En el partido de vuelta de Copa lo único reseñable fue una patada de Álvaro Arbeloa en la mano de Casillas, que andaba por el área vendimiando, y que va mantener al de Móstoles “looking for paradise” con su cervecita, sus patatas fritas y su peli sentadito en el sofá durante los proximos tres meses. Para cubrir la baja del portero ha fichado el Madrid a Diego López, español y canterano, al que la prensa trató como a Adán cuando Capello lo puso de titular en un trofeo Santiago Bernabéu dejando en la grada al yerno de España. Déjà vu. El Real Madrid es un eterno retorno y, como escribío Borges: 

"También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable".


miércoles, 16 de enero de 2013

Oktoberfest


Esperanza Aguirre se ha echado un jefe de Barcelona que lo primero que dijo fue que Esperanza era más Guardiola que Mourinho, suponemos que para que no le apedrearan la sede de la empresa. Para desmentir al baranda, sin que se note mucho, ha declarado la expresidenta esta mañana que se va a cargar la cantera del PP de Madrid y que sólo van a poder optar a cargos públicos aquellos con experiencia en el ámbito privado. Sea como trabajadores, sea como empresarios. Quiere la sobrina nieta de Gil de Biedma políticos a lo Arbeloa, que aprendan a ganarse la vida fuera antes de regresar a casa a ocupar un puesto en el equipo. Deja Aguirre sin esperanza a los canteranos de la calle Génova mientras los canteranos de Baviera están de Oktoberfest en enero y Mario Gómez preguntando qué coño es un falso 9.

Se decidió Guardiola al fin por la más razonable de las ofertas que se le presentaban para ser coherente con su discurso y que le siga sentando bien el traje del emperador. Se hacía difícil pensar que acabaría el Pep en Londres o en Manchester teniendo el jeque y el ruso las manos manchadas de petróleo, que para algunas sensibilidades es como tenerlas manchadas de sangre. Además ese fútbol paciente que abandera Guardiola podría no ser del agrado de los aficionados en un país en el que las gradas rugen cuando se consigue un saque de esquina pero no consta que lo hayan hecho nunca cuando se cede el balón al portero. Ni siquiera en ese Arsenal desnaturalizado por Arsene Wenger. El Pep al Bayern dispuesto a ser un nuevo Maximiliano I vestido de Toni Miró. Descartados los petroleros le quedaban dos opciones al de Sampedor, el Celtic de Glasgow para asistir en persona a ese ensayo del referéndum catalán que va a ser el referéndum escocés y el Bayern de Múnich para sentir el pálpito de lo federal por si recula Durán i Lleida y hay que tirar por la vía de Pere Navarro, que quiere federalismo asimétrico haciendo poética y política de un oxímoron que entienden sólo en Canadá. Teniendo Guardiola un paladar muy fino, educado en Can Adría, no se veía desayunando whisky caliente y haggis y ha preferido la cerveza y las weißwursts, que son como butifarras blancas que no hace falta colgar de un palo. Es Cataluña una Baviera mediterránea y latina con un Pujol que no quiso ser Stoiber porque andaba demasiado ocupado engendrando millonarios, aunque CiU es un CSU con barretina que se ha echado al monte de la independencia para que no se le vean las vergüenzas y los depósitos. Nos cuesta imaginar que no haya intentado el Pep sentar a su lado en el banco a Lothar Matthäus y garantizar reportajes que muestren la ignominia del Real Madrid, del pisotón de Juanito al dedo en el ojo de Tito. Ya nos avisó Manuel Jabois de que Guardiola siempre vuelve y de vuelta está. Corren sus viudas a matricularse en el Goethe-Institut, abandonadas como Sissi Emperatriz, mientras el Pep recita el poema Epitafio del bávaro Bertold Brecht.

Escapé de los tigres
alimenté a las chinches
comido vivo fui
por las mediocridades

lunes, 14 de enero de 2013

Resistentes


En Bilbao, a 150 kilómetros de Pamplona, donde jugaría horas después el Real Madrid su partido contra Osasuna, se celebró  una manifestación multitudinaria a favor de los presos de ETA a la que, al parecer, asistió la mamá de ese Carlos Bardém que había definido esa misma mañana como “fachamonguers” a un conjunto de usuarios de Twitter que incluía a mourinhistas y liberales.  Días antes aparecía en la revista digital Jotdown una entrevista con Borja Sémper, presidente del PP de Guipúzkoa, en la que mostraba que el carácter del pipero acostumbra a ir más allá de lo estrictamente futbolístico. Dice Sémper sobre Mourinho: “Quería controlar el Madrid no solo deportivamente y su personalidad es antagónica a la del Madrid”. Sobre Cristiano Ronaldo: “Hay actitudes que no me gustan. Cristiano es un líder, pero no me gusta que no celebre el gol de un compañero. Un tío que se cae y se queja por sistema. Yo no quiero eso para el Madrid. A mí me preocupa que los niños quieran ser Messi y no Ronaldo”. Sobre el Real Madrid: “Mi Real Madrid es el de Casillas, el de Raúl y, si me apuras, hasta el de Butragueño”. Todo esto aderezado con unas gotas de añoranza por las formas y el verbo de Jorge Valdano. Sémper afirma que entró en el PP deslumbrado por la figura de Gregorio Ordóñez. “Hablaba y la gente le entendía, lejos del discurso manido de los políticos. Esa valentía y esa honestidad me deslumbraron. Dos años después de afiliarme lo asesinaron. El más tonto del pueblo, Valentín Lasarte, asesinó al más brillante, Gregorio Ordóñez. Una metáfora de la vida y, desde luego, de la política en Euskadi”. A Sémper ese discurso contundente de Ordoñez frente a ETA ya no le sirve hoy pues “el futuro en Euskadi se tiene que construir también con Bildu”. Del  mismo modo, el fichaje de Mourinho, vino bien en “un momento de depresión generalizado. Llega Mourinho, aquí estoy yo, a pecho descubierto” pero en este momento resulta contraproducente para la imagen del Real Madrid. Es evidente que no se trata de comparar las circunstancias, a Ordóñez lo asesinaron con balas reales y contra Mourinho se usan sólo las dialécticas aunque en ambos casos procedan de los más tontos del pueblo, pero resulta significativa esa coincidencia en la conciencia del pipero de San Sebastián. Es lo que Jon Juaristi llama “mentalidad resistencial” que consiste en la necesidad de contar con la aprobación de los nacionalistas, en el caso de los piperos del PP vasco, o de los antimadridistas en el caso de los piperos del Real Madrid. Y ambas en el caso de Borja Sémper.

Y me pregunté:
¿Eres un resistente?
Y me respondí, como Troski cuando todavía iba a la sinagoga:
¡No lo quiera Adonai!!

Sabemos por Plutarco que un ejército de ciervos dirigido por un león es mucho más temible que un ejército de leones mandado por un ciervo pero el Real Madrid llegó a Pamplona con un ejército de ciervos sin león al mando. Ausente Cristiano, quedó el Madrid reducido a grupo de descontrolados sin un objetivo claro. Cristiano es un “zan-ryū Nippon hei”, uno de esos soldados japoneses que no se rindieron jamás al enemigo por miedo al deshonor mientras el resto vaga por el césped como presos en el patio de un penal.  La primera parte no resultó tan lamentable como la segunda aunque estuviera alejada del canon de juego que los Harold Bloom de lo futbolístico se han encargado de convertir en único. Esto que pasa hoy día en el fútbol sucedió en los 80 en un deporte tan poco dado a las milongas como el rugby. El “rugby champagne” de aquella selección francesa de Serge Blanco y  Philippe Sella fue durante años el tiquitaca futbolero de hoy, aunque afortunadamente sin componentes morales. Para suplir la adrenalina que Cristiano produce en el juego tuvo que recurrir Mourinho a tres jugadores, Higuaín, Di María y Callejón, buscando eso que los modernos llaman “desmarques de ruptura”. El de Brest todavía no ha llegado, el rosarino se fue y no volvió y Callejón es Callejón. Se sostuvo el equipo en el trabajo incansable e impecable de Khedira al que seguirán ninguneando para pedir a ese Javi García que es español y canterano. El único mensaje positivo que podemos encontrar en ese truño es que en partidos como ése al Madrid le daban un baño no hace mucho tiempo atrás.

Lo que queda por dilucidar ahora es si este Madrid será capaz de mostrar otra cara en los partidos trascendentales de Copa y Champions que se avecinan. Resulta fundamental que Mourinho sea capaz de salir de ese estado de estupefacción en el que parecen haberle sumido el juego de su equipo y la campaña miserable emprendida contra su persona. Para  esta guerra se hace necesario que además del león sobre el césped haya en león en el banco. Volvamos a Nietzsche: “La oposición contra el que se sale de la norma es lo peor que se puede hacer pues será éste el que guíe el desarrollo de la humanidad, el que tire del pelotón de la evolución, simplemente por el hecho de que no está cómodo en la situación normal es un indicativo de que es un ser superior, que busca un mejor lugar”. Donde el de Röcken dice “humanidad” pongan ustedes “Real Madrid”. Ecce homo.

jueves, 10 de enero de 2013

Alivio-luto


Decía Steven Pinker  en “La tabla Rasa” que “a lo largo de la historia, las batallas de opinión han sido libradas por hipérboles moralizantes y demonizantes, y aún peor”. Jean Françoise Revel dejó escrita aquella máxima que sigue vigente más de veinte años después. “La principal de las fuerzas que hoy dominan el mundo es la mentira”. El esperpento de la prensa española en general y de la deportiva en particular lleva tiempo bordeando la frontera que separa la indigencia moral de las actitudes directamente delictivas, cuando no sobrepasándola con la chulería propia de aquellos que se consideran por encima de la ley amparados en el sacrosanto derecho a la información y en una libertad de expresión que sólo parece corresponderle a ellos. Llamar “nazi” a un entrenador de fútbol es, por un lado, una banalización del Holocausto, un reduccionismo absurdo de una ideología maléfica y quién sabe si no oculta también un antisemitismo latente. Por otro lado, la injuria se define en el artículo 208 del Código Penal como la acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación. Comparar el encuentro del cuerpo técnico del Real Madrid y “Bartolín” Meana con las checas instaladas en el Madrid republicano responde exactamente a los mismos parámetros que el caso anteriormente descrito. Si el tal Meana salió de aquella “checa” de la Sala de Prensa del Bernabéu estrechando las manos de sus “captores” alguien podría suponer que lo mismo ocurría en la checa de Bellas Artes, que los secuestrados abandonaban su cautiverio abrazando a los milicianos. Y no.

El lunes celebraba la UEFA uno de esos saraos para entregar un premio, a mayor gloria de los valores del marketing y la moral socialdemócratas, consistente en un balón dorado que, supuestamente, premia la mejor trayectoria deportiva de un jugador durante un año natural. El premio fue a parar, cómo no, a Leonel Messi, cuyos triunfos deportivos durante 2012 podemos contar con un muñón y nos sobra. Apareció el Leo en la gala vestido de jefe de pista del Cirque du Soleil con un traje que Josemi Rodríguez Sieiro ha denominado acertadamente “smoking de alivio-luto”. Un balón plateado fue para Cristiano Ronaldo y uno de bronce  acabará en la casa de ese enamorado de la arquitectura de los gitanos de Rumania que es Andrés Iniesta. José Mourinho, que estaba entre los tres finalistas a mejor entrenador, prefirió quedarse en Madrid y lo único que cabe reprocharle es que no forzara al resto de la expedición madridista a hacer lo mismo teniendo en cuenta que dos días después se disputaba uno de los partidos más importantes de la temporada. Pero la perfidia del entrenador portugués no conoce límites y, gracias a la encomiable labor de unos avezados reporteros del diario As que debieron sentirse Pérez Reverte en Kosovo o Sistiaga en Faluya, nos enteramos de lo que el sociópata de Sétubal estaba haciendo a la misma hora a la que se celebraba el guateque triste y hortera de Platini. No estaba Mourinho reunido con la cúpula de ETA tratando de convencerles de que volvieran al terrorismo. No estaba rodeado de skinheads organizando la presentación de la sección española de Amanecer Dorado. No se encontraba planeando una serie de atracos con violencia al frente de una banda de albano-kosovares. Ni siquiera lo encontraron en un puticlub de Arganzuela. El malvado Mourinho estaba viendo jugar al fútbol a su hijo después de trabajar diez horas en Valdebebas. Qué descaro. Para dar fe del lamentable comportamiento publicó el As fotografías y un vídeo en el que se podía ver a los niños, sin el preceptivo permiso de los padres. Una vez más sobrepasando la línea. En el audio de la grabación se podía escuchar el comentario insultante de uno de los “reporteros”  que Roncero, ese catedrático de Estética de la Universidad  del Txistu, no tardó en adjudicar castizamente a “uno que pasaba por allí”. Le faltó inventar el posterior deceso del anónimo para poder echarle la culpa al muerto. Todo el mundo se ha fijado en lo anecdótico del comentario, ese coloquial “hijo de puta”, y ha dejado de lado lo importante, ese “se está forrando” que nos muestra de nuevo el desprecio de esta sociedad a aquellos que honradamente y en virtud de las leyes del mercado multiplican su patrimonio y hacienda. Lo que vale para Mourinho en este caso lo podemos aplicar a, por ejemplo, Amancio Ortega.

El partido de vuelta de octavos de la Copa del Rey contra el Celta lo finiquitó Cristiano con finiquito telemático para evitar trabajo al funcionariado del balón. Su gol en el minuto 2 de partido sirvió para calmar las posibles ansiedades de un equipo que no remontaba una eliminatoria copera desde hace diez años y nos había proporcionado espectáculos bochornosos como aquel enfrentamiento con el Alcorcón. Fue una primera parte en la que se bailaron lentos al ritmo de los kolos croatas que componía Modric para que fuera Cristiano otra vez el que rematara la jugada en arranques anfetamínicos en contraposición con el estado opiáceo de un Benzema que parece decidido a regalarle la titularidad a Higuaín. Tras el descanso se instaló el Madrid en el descontrol merced a la ausencia de Xabi Alonso que se tuvo que quedar en el vestuario a causa de un golpe recibido en las postrimerías del primer acto. La ausencia de Xabi puede pasar más o menos desapercibida en partidos frenéticos de ida y vuelta pero resulta trascendental cuando se trata de controlar el juego y administrar los tiempos. El  Madrid le entregó el balón al Celta por la sencilla razón de que no sabía qué hacer con él y durante unos minutos apareció en mi mente el recuerdo del partido contra el Bayern de la temporada pasada. Los miedos se acrecentaron cuando Ramos se olvidó de que tiene piernas y fue expulsado tras una segunda amarilla que castigaba, más que su acción, su estupidez. Fue entonces cuando el mejor jugador del mundo, diga lo que digan los corresponsales de France Football, se hizo con el control del partido como si tuviera en sus manos el mando de la Play. Su tercer gol resultó el compendio de todo su talento, entendido a la manera de los scouters de las grandes ligas americanas, y su reacción ante la incomprensible y miserablemente tardía rendición del Bernabéu a su figura me recordó a otro genio al que también trataron de domar en nombre del puto señorío y la hipocresía buenista, Drazen Petrovic. Aún tuvo tiempo ese jugador providencial de dar una asistencia a Khedira que, como hizo en el anterior partido, resolvió aparcando el Panzer alemán y sacando a relucir la sangre tunecina. A pesar del regreso de Casillas a la titularidad, el piperío la tomó con Mourinho al que llegaron a pitar por salir a dar instrucciones a sus jugadores. Nosotros seguiremos siendo los de los versos del beatnik Gregory Corso y no es poco.

“Recordad,
temblorosas aristocracias condenadas
obligadas a matar moscas a golpe de risa”.